Si hay algo que los españoles esperan de un eventual cambio de gobierno es respuestas. Respuestas a algunas incógnitas en relación con varias decisiones tomadas por Pedro Sánchez y algunos de sus ministros que siguen resultando incomprensibles.
Qué información obtuvo Marruecos del teléfono móvil del presidente para provocar el radical cambio de posición ante el conflicto del Sahara Occidental y la sumisa actitud desde entonces ante nuestro desleal vecino, la razón del “Delcygate” y qué había en las pesadas maletas que la vicepresidenta venezolana traía en su avión, son dos de esas grandes preguntas que nos hacemos la mayoría de los ciudadanos y a las que ahora podemos añadir la de por qué el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, pone tanto empeño en que perdamos la guerra contra el narcotráfico.
En estos últimos días de tormenta en Andalucía estamos viendo en todos los telediarios que narcotraficantes y “petaqueros” se cobijan con sus gomas o “narcolanchas” en calas o puertos del litoral con total impunidad, saludando incluso a los guardias civiles que les vigilan o, como acaba de suceder, disparando contra un helicóptero de la Policía Nacional y contra varios agentes.
Las quejas y denuncias por la falta de recursos para luchar contra el tráfico de drogas procedente de Marruecos han pasado de ser frecuentes a una tradición, los constantes obstáculos puestos desde el Ministerio del Interior a la labor de la Guardia Civil para que no pueda cumplir su misión, con sucesivos recortes de recursos humanos y materiales hasta lograr que ese desequilibrio de fuerzas le costara la vida a dos guardias en el puerto de Barbate, ha colocado a los narcos en una posición de fuerza, conscientes de que existe una razón que ignoramos que impide al Gobierno de Pedro Sánchez perseguir eficazmente el tráfico de drogas procedente de Marruecos, lo que les garantiza un notable grado de impunidad.
Desde que el ministro Grande-Marlaska ordenó suprimir la unidad más operativa de la Guardia Civil contra el narcotráfico en el Campo de Gibraltar (Organismo de Coordinación de Operaciones contra el Narcotráfico. OCON-Sur) muchos comenzamos a sospechar que algo olía a podrido en Dinamarca. Los acontecimientos posteriores han acrecentado tanto esa sospecha como la desconfianza hacia Grande-Marlaska.
Actualmente la guerra contra la droga procedente de Marruecos se ha convertido en un partido amañado en el que resulta difícil determinar en qué equipo juega el ministro.
La prohibición legal de las “narcolanchas” que nadie respeta y nadie hace cumplir han convertido en un chiste al Gobierno de Pedro Sánchez, hasta el punto de que hoy los traficantes se exhiben con ellas ante las cámaras y ante las Fuerzas de Seguridad. Probablemente nunca antes se haya visto tanta lancha prohibida en el Estrecho como desde que los socialistas las prohibieron.
Todas las naciones tenemos esas inquietantes preguntas sin respuesta que atormentan la conciencia nacional y si los norteamericanos se siguen preguntando quién mató a Kennedy o los alemanes lo hacen sobre cómo Hitler logró embaucarles, nosotros tenemos las nuestras que pesan como un pecado sin posibilidad de expiación. Algunas vienen de antes, como la de quién fue el verdadero autor del 11-M, pero es obvio que Pedro Sánchez tiene demasiadas zonas oscuras que algún Gobierno futuro debería aclarar.
Seguramente el próximo presidente no lo hará en cumplimiento de esa “omertá”, esa ley del silencio tácitamente aceptada entre la clase política de no perjudicarse entre ellos más de lo imprescindible para sucederse en el poder.
Comentarios potenciados por CComment