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Sábado, 4 de Julio de 2026

Estados Unidos celebra hoy el 250 aniversario de la independencia sumido en el que es uno de sus momentos de mayor mediocridad histórica gracias a la impresionante habilidad de su actual presidente para equivocarse.

El mundo ya conoce a Donald Trump lo suficiente como para saber que su permanente discurso triunfalista, su egocentrismo y las tonterías que suelta constantemente no son más que un escudo con el que pretende protegerse de un mandato que es, hasta el momento, un monumental fracaso, tanto que ha conseguido en algo menos de año y medio poner en peligro, cuando no directamente perder, el rol hegemónico que tuvo su país desde la segunda posguerra mundial. China sigue ganando poder e influencia a nivel mundial a la misma velocidad que Estados Unidos se repliega dentro de su frontera, mientras la Rusia de Vladímir Putin ignora absolutamente los deseos del inquilino de la Casa Blanca. Ni tan siquiera Israel hace caso a Trump, como demuestra el goteo diario de muertos en Líbano y en los territorios palestinos.

Colofón de esta sucesión de desaciertos que están conduciendo a EEUU a un momento de irrelevancia histórica es sin duda el fiasco de la guerra de Irán. Un conflicto que la mayor potencia militar del planeta ha perdido cuando ni tan siquiera ha terminado y con el que el presidente norteamericano solo ha conseguido matar a otro montón de gente y ponerle la vida más difícil a todo el planeta, incluido a su propio país.

Además, ha sido Donald Trump el que provocado que los ayatolás se estén planteando hoy qué canon deberán pagar los alrededor de 3.000 barcos que mensualmente cruzan el estrecho de Ormuz; dinero con el que Teherán podrá financiar generosamente su reconstrucción, su programa nuclear y las milicias "proxi" que tiene repartidas por Oriente Medio. Hoy, 4 de julio, Hamás y Hezboláh tienen motivos más que suficientes para sumarse a ese 250 aniversario y para agradecer a Trump todo lo que está haciendo por ellos.

En cuanto a la relación con Europa, todos somos conscientes de lo mal que están las cosas. Nosotros, la Unión Europea (UE), no hemos cambiado, seguimos sumidos en nuestra tradicional mediocridad, dirigidos por la misma pandilla de pusilánimes que solo aspira a mantener a toda costa su colchón de privilegios financiado por la manada de borregos fiscales a que hemos quedado reducidos los ciudadanos de la Unión. Por su parte, el presidente Trump se empeña en ignorarnos, insultarnos y amenazarnos destruyendo la alianza occidental que servía de contrapoder a China y a Rusia, lo que, evidentemente, debilita a los Estados Unidos.

Y en esa eficaz labor que el presidente Trump está realizando para perjudicar la posición internacional de su país, acabar con la limitada eficacia de la OTAN ha sido esencial para poner a los norteamericanos en peligro, porque no es cierto que la Alianza Atlántica se creara para protegernos del Pacto de Varsovia sino que se construyó como la primera línea de defensa de los Estados Unidos para que los conflictos se dirimieran en suelo europeo, lejos del norteamericano.

Si a todo esto le sumamos los tics de dictadorcillo megalónamo tercermundista que tiene Trump, como el salón de baile de la Casa Blanca, la piscina reflectante del Monumento a Lincoln, el arco del triunfo en Washington, D. C. o su intención de quedarse con el nuevo Air Force One cuando termine su Presidencia, desgraciadamente, parece que este 4 de julio, más que para celebrar, es adecuado para recordar lo que fue Estados Unidos.


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