El JCB Hydromax, un vehículo equipado con dos motores de combustión alimentados por hidrógeno, ha alcanzado una velocidad media de 406,320 millas por hora, unos 653,9 km/h, en las salinas de Bonneville, Utah.
Al volante estaba el británico Andy Green, una auténtica leyenda de la velocidad terrestre. En 1997 fue el piloto del ThrustSSC que alcanzó los 1.227,985 km/h, convirtiéndose en la primera persona en superar la velocidad del sonido sobre tierra.
Ahora, casi 30 años después, Green vuelve a romper un récord, aunque utilizando una tecnología muy diferente.
663 km/h en la segunda pasada
Para homologar el récord, el Hydromax tuvo que realizar dos pasadas en sentidos opuestos.
En la primera alcanzó 644,740 km/h, mientras que en la segunda llegó hasta unos impresionantes 663,267 km/h. La media de ambas velocidades, 653,909 km/h, se convirtió en el nuevo récord mundial para un vehículo equipado con un motor de combustión interna alimentado por hidrógeno.
El vehículo utiliza dos motores desarrollados por JCB que producen conjuntamente alrededor de 1.600 caballos de potencia.
Pero lo realmente interesante no es solamente la velocidad.
El mismo elemento que utilizan algunos cohetes
El hidrógeno tiene una estrecha relación con la exploración espacial. En forma líquida y combinado con oxígeno líquido, ha sido utilizado durante décadas como combustible para motores de cohetes.
La razón es sencilla: el hidrógeno puede liberar una enorme cantidad de energía por unidad de masa, una característica especialmente valiosa cuando se intenta poner una nave en órbita.
En un cohete, el hidrógeno y el oxígeno reaccionan y generan gases a temperaturas extremadamente elevadas que son expulsados a gran velocidad por una tobera. Esa expulsión produce el empuje necesario para abandonar la Tierra.
El Hydromax funciona de una manera completamente distinta. No es realmente un coche propulsado por un cohete, pese a que en algunos titulares se le haya denominado «rocket car». Sus motores son de combustión interna y utilizan hidrógeno como combustible.
La conexión con el espacio está, por tanto, en el combustible que utilizan ambos sistemas.
Un laboratorio sobre ruedas
El objetivo de JCB tampoco era simplemente construir un vehículo capaz de alcanzar una velocidad espectacular.
La compañía lleva años desarrollando motores de combustión alimentados por hidrógeno para maquinaria pesada, especialmente para sectores como la construcción y la agricultura.
El Hydromax permite llevar esa tecnología al extremo y comprobar cómo responde bajo unas condiciones extraordinariamente exigentes.
A más de 650 km/h, cada componente del vehículo está sometido a enormes esfuerzos. Conseguir que los motores funcionen de forma estable a esas velocidades supone una prueba tecnológica de primer nivel.
Y esa es precisamente la razón por la que un récord como este puede resultar interesante mucho más allá del mundo del automovilismo.