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Apagón

Milton

Domingo, 11 de Mayo de 2025

Lo del apagón del otro día me pilló en el trabajo y, a decir verdad, en principio me alarmó porque pensé que Endesa me había aplicado su famoso corte de suministro itinerante por impago, que es cuando te dejan sin luz en el sitio en el que estás.

Es que, desde que te siguen con satélites, han afinado un montón que ahora cuando paso por cualquier sitio me apagan las farolas, los semáforos y hasta los escaparates. Sin embargo me tranquilizó saber que el corte de luz era en todo el país. Los morosos unidos, jamás seremos vencidos.

Pero el júbilo inicial volvió a tornarse en incontenible angustia cuando pensé en las terribles consecuencias que tendría un corte de luz de esta magnitud. Al igual que la mayoría de los adultos responsables españoles me pregunté qué iba a pasar con la cerveza. Desde el momento del corte a las doce y media de la mañana, los barriles de los bares dejaron de enfriarse. Comenzaba una cuenta atrás en la que la temperatura de las cañas no dejaría de subir, ¿qué hacer ante esta dramática realidad?

Por supuesto, utilizando mi proverbial sentido común, lo primero en lo que pensé es en la necesidad de cumplir la Ley 1/2025, de 1 de abril, de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario (BOE Nº80 de 02/04/225) y salir corriendo a los bares que conozco para consumir toda la cerveza posible antes de que se convirtiera en aguachirri. Y ello a pesar de que el apagón fue a las doce y media de la mañana y que alguno puede pensar que es un poco temprano para empezar con las cañas, pero cuando se trata de cumplir con la legalidad vigente no caben excusas.

Y les advierto que no fue una decisión fácil porque en el momento del corte de energía estaba ante del ordenador viendo uno de los últimos episodios de “Mari Puri, la traviesona de Wisconsin” y me quedé con la duda de si se operará para convertirse en Manolo y recibir una subvención del Ministerio de Igualdad o si decidirá fugarse con el novio de Ayuso a pesar de no haber podido explicar dónde estaba cuando mataron a Kennedy.

Haciendo de tripas corazón me fui al bar más cercano y le pregunté al camarero a cuánto estaba la caña. Me contesto que a los mismos dos euros que estaba ayer. Disculpe -inquirí- pero las condiciones del mercado de activos cerveceros han cambiado; ahora mismo la cerveza está a una temperatura superior en uno o dos grados por el corte eléctrico, lo que implica una reducción de la demanda y, consecuentemente, del valor de la cerveza. Eso sin hablar de los aranceles de Trump que fijan la realidad económica de la caña en alrededor de euro y medio, recordando por supuesto al camarero que si no vendía ahora y tras conocer la opa del BBVA al Sabadell, no sé hasta dónde podía caer el valor de mercado de este líquido tan esencial para la subsistencia.

El camarero me dijo que aquello era un bar, no un zoco moruno y que si no quería la cerveza a dos euros ya se la vendería los turistas. Entonces, como experto negociador que soy, le lancé un suculento cebo al proponerle devolverle los huesos de las aceitunas que me pone con la caña para que él pudiera venderlos para hacer compost, que está a un precio altísimo como fertilizante, o bien como precursor para fabricar explosivos caseros, que los yihadistas pagan fortunas para poder inmolarse con compost de aceitunas de oliva virgen extra.

Y justo en ese momento lo comprendí, el apagón fue provocado por una potencia extranjera para que los turistas guiris de la Costa del Sol pudieran hincharse a cañas calentorras a bajo precio. Eso ha sido Putin. Y yo echándole la culpa al bueno de Pedro Sánchez, que desde que sacó al caudillo del Valle de los Caídos solo le caen desgracias.


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Por Fin
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