Propensos siempre a la sobreactuación para alimentar el show mediático, ciudadanos norteamericanos han presentado una demanda conjunta ante un juez federal contra Meta, empresa propietaria de Instagram, Facebook y WathsApp, a la que acusan de convertir de forma deliberada a menores en "yonquis" de la redes sociales.
Todas las televisiones se han hecho eco de otro proceso que suena a guion de Hollywood incluso antes de comenzar: mucho ruido, imágenes del poderoso y multimillonario Mark Zukerberg declarando ante el tribunal, tertulianos opinando a todas horas, decenas de reportajes especiales en televisión y prensa para, finalmente, terminar en nada. Al menos en nada que ponga fin a un problema que existe, que se va a agravar y del que los principales responsables no son los propietarios de las redes sociales sino los padres y tutores de todos esos menores convertidos en adictos a unas herramientas tecnológicas diseñadas precisamente para crear adicción.
Este es otro elefante en la habitación que la mayor parte de aquellos adultos que tienen menores a su cargo se niegan a ver. Personalmente me sorprende ver en la tele a las madres de los niños-adictos, concentradas ante el tribunal de Oklahoma tras una pancarta clamando justicia para sus hijos, como si Zuckerberg o Elon Musk les hubieran regalado el móvil y permitido pasarse horas y horas en casa absortos ante las pantallitas.
Resulta obvio que las redes sociales son perjudiciales, y no solo para los menores, porque "enganchan" con tanta eficacia como cualquier psicotrópico, pero no son esas corporaciones las que entregan a críos de poco más de diez años la jeringuilla con la que se chutan. Los primeros y principales, que no únicos, culpables son los padres, los mismos a los que no se les ocurriría entregarle a sus hijos un arma y darles total libertad para utilizarla. Meta o X solo les venden la munición.
Es cierto que las redes sociales están diseñadas para lo que llaman el "scroll infinito", para cargar en tu móvil contenido tras contenido sin fin. Su creador en 2006, Aza Raskin, lo definió como "cocaína conductual".
El lado positivo es que "solo" hemos tardado 20 años en empezar a darnos cuenta de que estamos convirtiendo a nuestros jóvenes en "colgados". De eso tampoco son Zuckerberg y Musk los principales responsables.
Hablo desde la distancia en la que me sitúa el no haber sido padre, pero precisamente lo decidí así siendo muy joven por dos razones. La primera es porque no me consideraba capacitado para asumir esa responsabilidad y, la segunda, porque no quería hacerlo a costa de renunciar a mi forma de vida.
Sin duda una decisión egoísta por mi parte que impidió que le jodiera la vida a los hijos que no tuve comprándoles un móvil durante su adolescencia para evitar los constantes y agotadores conflictos que supone hoy negarle algo a un niño.
Educar a un menor es siempre una labor titánica que no admite paréntesis, no hay treguas ni "pausas de hidratación", no admite el cansancio ni un momento de debilidad que te lleve a entregarle al niño una pistola para que se vuele la cabeza porque necesitas que deje un rato de dar el coñazo.
Meta no es el mensaje que nadie quiere recibir, solo es el mensajero.
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