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Por Fin

Opinión

Esta publicación no se hace responsable de las opiniones de los articulistas.
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Otro sacacuartos inútil

Lunes, 29 de Diciembre de 2025

Al igual que muchos españoles, me inclino a pensar que la famosa baliza V-16 para emergencias con posicionamiento GPS que el Gobierno exigirá llevar en todos los vehículos a partir del jueves es otro sacacuartos, un nuevo chanchullo diseñado para hacer millonarias a algunas personas o empresas y, por supuesto, para que Hacienda se haga con un generoso trozo del pastel.

Al menos el negociete de los triángulos y chalecos de emergencia, al ser obligatorio a nivel europeo, pareció una imposición de Bruselas a la que no pudimos oponernos, lo que no impidió que el Estado también hiciera caja.

Sin embargo lo de la baliza ha sido una jugada bastante más de trilero. Solo será obligatoria en España, no en el resto de la Unión Europea donde continúan con los triángulos y los chalecos, lo que obligará a todos los conductores españoles que viajen a Europa a disponer de todos esos trastos aunque no al revés: los extranjeros que visiten España con sus coches no tendrán que llevar la baliza y bastará con los triángulos y el chaleco o el dispositivo de seguridad establecido en su ley nacional.

Y aún mejor en este nuevo sacacuartos que se ha inventado el Gobierno de Pedro Sánchez para ponerle otra tirita al casco del Titanic en que ha convertido la contabilidad nacional es que la cuestionada baliza no sirve absolutamente para nada. Los expertos en seguridad vial insisten en que el parpadeo de la luz apenas será visible durante el día, aunque sí será más útil durante la noche, siempre que el vehículo detenido no se encuentre en un cambio de rasante o en una curva, situaciones en las que también servirá para muy poco.

Además los técnicos advierten de que España no tiene aún una cobertura GPS fiable en todo el territorio nacional, aunque de serlo daría igual porque, como ha advertido reiteradamente la Dirección General de Tráfico (DGT), la señal de geolocalización, si llega a recibirla alguien, solo indicará un vehículo parado en determinado punto de la carretera, pero ni Tráfico ni la Guardia Civil harán nada para asistir al conductor o comprobar el motivo de la emergencia, ni enviarán a la grúa. El conductor tendrá que arreglárselas como pueda, igual que ahora, y la única diferencia a partir del 1 de enero es que se habrá gastado unos 40 euros en otro trasto inútil.

Para finalizar con el análisis de la más que cuestionable utilidad de la V-16, la batería o pila solo tiene capacidad para mantener la señal durante unos 30 minutos, si está completamente cargada, algo que en realidad resulta bastante irrelevante si de todos modos nadie va a acudir para sacarte de la emergencia.

Quizá fue por la limitada eficacia del aparato por el que los dos exguardia civiles que lo inventaron lo concibieron como un elemento de seguridad complementario a los triángulos y de uso voluntario para los conductores.

La DGT, que parece más una extensión de la Agencia Tributaria que una institución dedicada a la seguridad vial, optó sin embargo por convertir el invento en obligatorio, lo que permitirá a Hacienda ingresar el 21% solo en concepto de iva. Traducido en euros y atendiendo a que en España hay más de 31 millones de vehículos, a unos 35 euros de media cada baliza, supone un total de mil ochenta y cinco millones de euros, de los que el Gobierno se llevará casi 228 millones solo por este impuesto.

Ahora súmenle todos los demás ingresos fiscales desde que el fabricante compra el primer tornillo para montar la baliza hasta que llega a manos de cada conductor, más las cantidades millonarias que percibirá de los beneficios de la empresas a las que, a su vez, se ha proporcionado este negociazo en bandeja.

Con el Gobierno de Pedro Sánchez como maestro, Cerdán, Koldo, Ábalos, Leire y el resto de la cuadrilla quedan en simples aprendices.

El auténtico ganador

Jueves, 25 de Diciembre de 2025

Tan dados como siempre a no reconocer el origen de los problemas y aún menos a asumir responsabilidades, nuestros políticos continúan culpando a terceros de los errores que cometen, por lo que no es nada extraordinario escuchar las sandeces que están diciendo estos días tras el resultado electoral en Extremadura.

Para el partido de Pedro Sánchez -ya cuesta llamarlo PSOE- el fracaso electoral es culpa de los demás y sobre todo y para variar del PP, no solo por haberle ganado las elecciones sino por hacerlo de forma humillante y, además, impulsar el éxito electoral de la “extrema derecha”, como insisten en calificar a Vox. Por supuesto, nada tiene que ver esa pérdida de 10 escaños con todos los casos de corrupción que rodean a Sánchez y aún menos el haber llevado a un imputado como cabeza de lista. Aunque sí es parcialmente responsable el enemigo electoral invisible, la abstención. Al menos en esta ocasión el novio de Ayuso no tiene nada que ver.

Para el Partido Popular ha sido un éxito incuestionable al haber barrido a los socialistas-sanchistas e incluso ganado un asiento más. De que Vox haya más que doblado su representación en la cámara extremeña es responsable el voto socialista harto del caudillismo de Sánchez.

Vox, que ha pasado de 5 a 11 escaños, se considera lógicamente el gran vencedor de estas autonómicas y, aunque no con mucha convicción, defiende que engorda electoralmente gracias a cada vez más simpatizantes que apoyan su programa electoral.

Unión del Pueblo Extremeño (UPE), la coalición de partidos de izquierdas menos Sumar, es tal vez el más prudente a pesar de que, al igual que Vox, han más que duplicado sus apoyos, de 3 a 7 asientos, y están más complacidos por el bofetón sin manos que le han dado a Yolanda Díaz que por el éxito logrado. Paradójicamente parecen los menos preocupados por el ascenso de esa extrema derecha con la que constantemente pretende amedrentar el sanchismo a los españoles.

En realidad, unos más otros menos, se equivocan todos, principalmente los dos grandes partidos que insisten en hacer análisis basados en silogismos estilo CIS de Tezanos que, inevitablemente, conducen a conclusiones erróneas. Ni tan siquiera alcanzan el grado de sofismas pues la mayor parte de los razonamientos que se están escuchando en los medios de comunicación son tan estúpidos que no tienen apariencia de verdad.

El gran ganador de estas elecciones ha sido, sin duda, Pedro Sánchez, único autor del vuelco electoral y el que en solitario ha sido capaz de poner patas arriba el mapa político de una autonomía históricamente socialista. Es cierto que el inconveniente es que ha ganado las elecciones para otros partidos, al ser también el único responsable de haber malversado el patrimonio electoral del PSOE en Extremadura.

A Sánchez le han bastado tres o cuatro apariciones en estas elecciones extremeñas para “cargarse” 108.000 votos socialistas, y eso no lo habría conseguido por si solo ni su imputado candidato.

María Guardiola (PP) ha ganado en resultados pero ha perdido en los objetivos que ella mismo se había fijado. Se ha quedado lejos de llegar a esa mayoría absoluta que le habría permitido quitarse a Vox de encima y, por el contrario, de su iniciativa de adelantar las elecciones ha resultado una mayor dependencia del partido de Santiago Abascal.

Vox no ha atraído voto alguno, han sido PSOE y PP los que han lanzado a todos esos electores a sus brazos. De hecho, el éxito del partido de Abascal se basa en no hacer prácticamente nada. Ya se encargan socialistas y populares de hacerle la campaña electoral a golpe de torpezas y corrupción.

Tal vez no deberían participar en el futuro Gobierno extremeño, facilitar el mandato de Guardiola apoyando puntualmente aquello con lo que estén de acuerdo y absteniéndose en las demás cuestiones. Sencillamente sentarse a esperar ver pasar el ataúd de su enemigo. La verdad es que parte del programa de Vox es una ficción irrealizable que habrá que modificar, ponerlo en práctica ahora a nivel autonómico o municipal para ver cómo fracasa no es una buena idea cuando todo va viento en popa gracias a las meteduras de pata de los demás.

El voto mayoritario de Vox es el voto del ciudadano hastiado y cabreado de lo que lleva viendo décadas. Mejor dejarlo así antes que decepcionarlo más.

En lo que respecta a UPE, a pesar de ser la extrema izquierda, seguro que están dando las gracias a la Virgen por los favores recibidos al conjugarse milagrosamente los astros para que la corrupción que cerca al presidente Sánchez y la insuperable ineptitud de Yolanda Díaz como vicepresidenta y ministra de Trabajo, hayan desviado todos esos votos de la izquierda desencantada hacia su partido. Por suerte para UPE, las meteduras de pata del sanchismo y de Sumar han sido tan grandes que han convertido en simples chapuzas el paso de las exministras de Podemos por el Gobierno.

Desde luego todo este análisis es opinable y cuestionable por el lector pero creo que la mayoría estamos de acuerdo en que este resultado electoral se ha conseguido, exclusiva o principalmente, gracias a Pedro Sánchez, por lo que es el auténtico ganador de las elecciones extremeñas. Aunque es verdad que un poco a sofisma sí que suena.