El progresismo de salón del que tanta gala hace el Gobierno de Pedro Sánchez conseguirá también que nos convirtamos en el país racista y xenófobo que no éramos pero que vamos camino de terminar siendo.
La regularización a las bravas de alrededor del medio millón de inmigrantes saltándose al Parlamento para satisfacer a Podemos que ha aprobado hoy el Consejo de Ministros solo conseguirá radicalizar aún más a la sociedad española, a la que la izquierda quiere imponer una sociedad multicultural y multirracial que no se corresponde con el deseo mayoritario de los españoles. Y ello a pesar de que la experiencia les ha demostrado varias veces que, cuanto más empujen a los ciudadanos en una dirección, más cruzan la línea en sentido opuesto. Vox debería pensar en nombrar a Pedro Sánchez afiliado de honor; de no ser por las sucesivas torpezas y estupideces cometidas por este Gobierno, jamás habrían tenido el apoyo ciudadano con el que cuentan hoy.
Inevitablemente, el repetido “choque de civilizaciones” de Samuel P. Huntington va a más y aumentará la guetización de comunidades por razas y religiones, no solo ni principalmente provocado por los españoles de origen sino por aquellos inmigrantes procedentes de determinados países con culturas, religiones y costumbres diferentes a las nuestras que no pretenden integrarse sino reproducir en nuestro país su fracasado modelo de vida. El que los flujos migratorios vayan en un solo sentido indica claramente en qué orilla las cosas no funcionan.
Y a pesar de que, con su habitual opacidad, el Gobierno no ha facilitando el texto del futuro real decreto, sí ha trascendido que podrán regularizarse migrantes incluso con antecedentes penales que no hayan cometido delitos “graves”. La pregunta obvia es quién y cómo determinará qué crimen es grave y cuál no lo es. De entrada la futura ley no considerará relevante el haber entrado en nuestro país de forma ilegal, lo que aventura un factor multiplicador al efecto llamada que ya ha generado el anuncio de la masiva regularización. Los tratantes que se lucran con este negocio también deberían nombrar a Sánchez “capo” de honor de sus organizaciones criminales porque están ganando muchísimo dinero gracias al progresismo simplista del que tanto se jactan el Gobierno y sus socios.
Además, la marginación del colectivo regularizado se acentuará en el mundo laboral pues, al igual que pasa en otros países occidentales donde la integración no se ha producido, mayoritariamente accederán a los empleos más duros y peor pagados que les convertirá en los nuevos siervos de la gleba, como también sucede en otros países de Europa.
El modelo migratorio de la izquierda es un error fruto de la ignorancia y de un concepto pijo de solidaridad, similar al de muchas ONGs que consideran muy políticamente correcto “salvar negritos” aunque los estén condenando a otras formas de servidumbre. Ayudar a españoles que las estén pasando putas no luce tanto.
En cuanto a la ignorancia, procede del absoluto desconocimiento de la realidad política, económica y social de los países de origen, y de una total ausencia de análisis objetivo sobre los factores que provocan una escapada generalizada de medio mundo hacia el otro medio.
La guerra contra la inmigración ilegal no se va a ganar expulsando gente y no se puede librar en los países receptores sino en los emisores. Y precisaría al menos una década de pequeñas batallas para ir redirigiendo gobiernos, políticas, sociedades y hasta costumbres a esa situación en la que nadie migrara por necesidad de su país de origen.
Obviamente esa es una victoria utópica que jamás lograremos, pero aunque solo sea planteándonos ese objetivo estaremos más cerca de una solución real que con las idioteces que estamos haciendo ahora.
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