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Domingo, 31 de Agosto de 2025
Por Fernando Madariaga

Donald Trump debería ir pensando en propiciar la salida de Benjamin Netanyahu del Gobierno de Israel antes de que sus intereses personales terminen llevando a la región a un desastre aún mayor del que ya está viviendo.

El primer ministro israelí solo mantiene la ofensiva sobre Gaza para no terminar en la cárcel. Todos sabemos que no podrá evitar indefinidamente su acusación, juicio y condena, por lo que perpetuar lo que inevitablemente sucederá solo está sirviendo para provocar un sufrimiento inenarrable y gratuito a palestinos e israelíes. Aunque el número de bajas de unos y otros no tiene nada que ver, eso no cambia nada para las familias de los rehenes muertos ni de los mil soldados que Israel ha perdido en combate.

El meter en la cárcel a Netanyahu está saliendo demasiado caro, por lo que se agradecería un empujoncito por parte de Trump, al menos el suficiente para lograr apartarlo del poder y evitar que siga destruyendo lo poco que le queda de imagen internacional al país que representa. Después de lo que estamos viendo en Gaza, pretender seguir fustigando con el holocausto y con la acusación de antisemita a todo hijo de vecino que cuestione cualquier cosa a Israel ya no va a pesar lo que pesaba. Y ese es un precio demasiado alto a pagar solo para proteger a otro político presuntamente corrupto.

Por otro lado, condicionar el final de la invasión a la toma y anexión de Ciudad de Gaza es solo una ficción irrealizable en la que ya no cree ni el presidente norteamericano, que ni tan siquiera a vuelto a mencionar la mamarrachada aquella de realizar una operación de limpieza étnica para convertir la Franja en un resort turístico de lujo para ricos, sin palestinos pobres.

Con uno de los habituales nombres rimbombantes con los que las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) bautizan sus operaciones, “Carros de Gedeón II”, que es como han llamado a la invasión de este territorio palestino, no logrará su objetivo. Es muy probable que, gracias a su superioridad militar y a su total ausencia de moralidad, el Gobierno israelí logre matar o expulsar a gran parte de la población de Ciudad de Gaza; que consiga dominar el territorio apoyándose en su demostrada capacidad para aplicar una violencia indiscriminada contra cualquiera que se oponga a sus planes, pero no logrará pacificar lo conquistado ni tendrá un control absoluto sobre lo invadido, que estará siempre expuesto a ataques puntuales y a atentados.

Esta realidad obligará a Israel a gastar ingentes cantidades de dinero en garantizar un mínimo de seguridad y si se está planteando llenar Gaza de asentamientos israelíes como está sucediendo en Cisjordania, los colonos jamás tendrán la certeza de que no terminarán siendo las víctimas de otro acto terrorista como el del 7 de octubre. Es la desventaja clásica del que protege el territorio: Para sentirse seguros, los israelíes tendrán que acertar cada minuto todos los días, mientras que los milicianos de Hamás o de la Yihad Islámica solo necesitarán un error de un minuto para acertar una vez.

Tras masacrar de forma indiscriminada a más de 60.000 palestinos, la mayoría civiles, y expulsar de sus casas a más de un millón, es muy probable que se multipliquen exponencialmente el número de palestinos que estarán esperando ese error israelí que, tarde o temprano, se producirá.


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