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Otro acuerdo opaco

Opinión

Miércoles, 27 de Agosto de 2025
Por Fernando Madariaga

No es en absoluto tranquilizadora la indiferencia con la que todos los grupos parlamentarios han asumido el acuerdo alcanzando entre nuestro Gobierno y el británico sobre Gibraltar a pesar de que no tenemos ni idea de qué concesiones ha hecho Pedro Sánchez sin consultar con nadie.

Porque, aún sin saber de qué va el acuerdo, lo que es seguro de que, de nuevo, a nuestro Ejecutivo le ha tocado ceder. De haber sido el resultado de una negociación de verdad, las autoridades británicas y gibraltareñas no habrían mostrado la alegría y el entusiasmo que han manifestado tras lograr un acuerdo que nuestro Gobierno ha alcanzado con su habitual opacidad y unilateralidad. Las pocas declaraciones realizadas sobre el asunto por el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, versan sobre el sexo de los ángeles, la importancia de no pasarse con el pepino en el gazpacho y otras vaguedades.

Lo poco que conocemos del mencionado acuerdo son solo ventajas para Reino Unido y para Gibraltar, y una tácita renuncia a nuestra histórica reivindicación sobre la soberanía del Peñón.

Sabemos por los medios de comunicación que supondrá la eliminación de la frontera física con la supresión de los controles aduaneros y la inclusión de Gibraltar dentro del Espacio Schengen. Algo difícil de entender cuando el principal problema que tenemos con el Peñón es el del contrabando, lo que también lleva cualquiera a preguntarse en qué consistirá esa “armonización fiscal” de la que habla el acuerdo. Sin fronteras, sin aduana, ¿se equiparará el precio del tabaco, de la gasolina, del oro y de todos los demás productos que tienen en la Roca un régimen fiscal atenuado? ¿de verdad que los gibraltareños han acogido con alegría la fuerte subida de todos sus precios que deberá producirse? Cuesta mucho creerlo.

Además, el opaco acuerdo cuyo contenido el Gobierno de Pedro Sánchez mantiene oculto al ciudadano con un sospechoso hermetismo, asegura que también se establecerán medidas de cooperación en materia de seguridad. ¿Significará eso que las planeadoras -ahora llamadas “narcolanchas”- ya no podrán escapar de la Guardia Civil entrando en aguas gibraltareñas? ¿Dejará la Policía británica de acosar a los pescadores españoles como forma de extender fácticamente su autoridad sobre aguas que no les corresponden? ¿Colaborarán las autoridades gibraltareñas con las españolas y europeas en la lucha contra el narcotráfico y el blanqueo de capitales a pesar de ser un paraíso fiscal para las entre 18 y 30 mil sociedades constituidas en un territorio de 6,8 kms2? También difícil de creer.

Las sospechas sobre qué esta cediendo Pedro Sánchez a los británicos y el por qué se acentúan cuando los españoles nos enteramos por los medios de comunicación de que ambos gobiernos planean suprimir la verja el próximo año.

Inevitablemente, la sospechosa actitud de nuestro presidente del Gobierno nos lleva a temer un segundo episodio como el sucedido con Marruecos, cuando Sánchez tuvo que ceder a todo lo que le exigió Rabat a cambio de no hacer pública la información que los marroquíes habían descargado del móvil de nuestro presidente con el programa espía Pegasus. Un chantaje al que Sánchez aún sigue sometido.

Con todos estos antecedentes aquí solo caben tres posibilidades: que las autoridades británicas hayan visto la luz repentinamente y hayan renunciado a que la Roca siga siendo fiscalmente un paraíso para piratas; que nuestro Gobierno haya optado por falicilarle las cosas al dinero opaco internacional convirtiendo todo el Campo de Gibraltar en una lavandería, y no hablamos de ropa. O, en tercer lugar, que sea simplemente lo que parece, otro inexplicado pago que realiza Pedro Sánchez con el patrimonio de todos los españoles.

¿Ustedes qué creen?


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