En su habitual dinámica de decirle a los españoles como tienen que vivir, otra ministra de Sumar ultima un nuevo borrador de proyecto de ley para demonizar y marginar un poco más a los fumadores, plagado de prohibiciones y limitaciones de libertades, como es tradición en la izquierda española.
Intento que mi condición de fumador no afecte demasiado a la objetividad de mi criterio en este asunto, por eso siempre he intentado aplicar sentido común y lógica cuando el Estado nos empuja hacia un rincón de la sociedad y nos marca como “señalables” para los demás ciudadanos.
Y es precisamente el sentido común el que me obliga a discrepar de muchos aspectos de otra futura ley que es fruto de la ocurrencia de un ministro, de nuevo de Sumar, que no parece vivir en la España real.
Y es precisamente la falta de sentido común lo que lleva a la titular de Sanidad, Mónica García, a presentar al Congreso un futuro texto legal con el que pretende prohibirlo prácticamente todo en torno al consumo de tabaco pero sin prohibir el tabaco, que sería lo más lógico.
La política antitabaco del Gobierno es tan contradictoria como legalizar la venta de cocaína pero prohibir su consumo. Si se pretende acabar con el hábito de fumar, la única forma de acercarse a ese objetivo, que no de alcanzarlo, es la prohibición total y sanciones ejemplares para quienes la incumplan. No tiene sentido estar mareando la perdiz cada par de años con nuevas prohibiciones que solo logran estigmatizar a los fumadores a la vez que animan a los más jóvenes a comenzar en este vicio, porque lo prohibido suena trasgresor, rebelde y, en consecuencia, atrae.
Parece mentira que nuestros políticos de toda Europa no hayan aprendido nada del actual ascenso de lo que llaman “extrema derecha”, que son en realidad votantes que solo tienen en común el “extremo cabreo”.
Sin embargo ningún ministro, ni aún siendo de Sumar, se ha atrevido a mencionar nunca la posibilidad de una prohibición total del tabaco, y esto ha sido por dos motivos.
El primero porque el ministro de Economía de su propio Gobierno le responderá que vaya buscando los entre seis y ocho mil millones de euros que recauda el Estado en impuestos al tabaco. Y, en segundo lugar, porque el único resultado relevante que produjo la Ley Seca de 1920 fue un mayor consumo de alcohol y Al Capone.
El indisimulado deseo de la ministra García por prohibir también fumar en lugares al aire libre donde se socializa, como son terrazas, discotecas y demás espacios dedicados a la hostelería y a la restauración, no tiene la finalidad de proteger la salud de nadie sino solo de señalar a los díscolos, a esos disidentes que tendrán que salir del perímetro de la terraza cuando quieran fumar. Es la nada sutil manera de la izquierda radical que milita en Sumar de mandar un mensaje a los “buenos creyentes”, a la vez que dejan claro a las ovejas negras que quedarán apartadas de la sociedad hasta que no claudiquen y consientan vivir como impone su ideología.
Desde luego, el sentido común recomendaría como solución más lógica delimitar un espacio al aire libre para fumadores, con separación suficiente para no molestar a los que no fuman.
El resultado ilógico pero real de esta nueva estupìdez normativa será que el hostelero instalará una mesa alta al otro lado de lo que perimetre su terraza para que sus clientes fumen fuera pero pegados al recinto, haciendo fracasar así el objetivo de una norma que no sabemos qué objetivo tiene.
Por otro lado, siguiendo con ese estilo Walt Disney que tienen los ministros de Sumar de ejercer el poder, García pretende también prohibir fumar en vehículos de trabajo, algo que suena intensamente inconstitucional si se trata de vehículos privados y si no lo prohíbe la empresa o empresario titular del mismo. Alguien debería explicarle a esta señora que el tema no está en cómo se utilice el coche o la furgoneta, sino en que se trata de una propiedad privada y eso, por mucho que disguste a la izquierda radical, implica algunas limitaciones al poder absoluto que ejerce este Gobierno.
Fumar es malo para la salud, pero reprimir es peor.
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