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Martes, 3 de Marzo de 2026
Por Fernando Madariaga

Las caprichosas decisiones de un irresponsable bocazas y fanfarrón llevan camino de conducirnos a todos al desastre. La última aventura militar del presidente norteamericano se le está yendo de las manos por creerse que es el único que circula en sentido correcto por la autopista.

Fuimos muchas, muchísimas, las voces que advertimos de que Irán no es Venezuela, que un musulmán chií de origen persa tiene muy poco que ver con un caribeño cristiano.

Lamentablemente, de nuevo, los norteamericanos han hecho una alarde de ignorancia al lanzarse sobre otro país sin conocerlo en absoluto y sin que parezcan tener plan alguno para el día después. Parece increíble que no hayan aprendido nada después de la numerosísima sucesión de meteduras de pata bélicas desde que el Vietcong les echó a patadas de su país.

Y peor aún pintan las cosas ahora para ellos y para el resto de la Humanidad, con un narcisista enfermizo liderando las fuerzas armadas más poderosas del mundo. Porque el régimen de los ayatolás no se va a rendir, el chiísmo que tiene su origen en el imanismo duodecimano funciona justo al contrario: sus fieles buscan el martirio como forma de santificación definitiva, ¿o por qué creen que el asesinado líder supremo Alí Jamenei permaneció en el palacio presidencial aun siendo consciente de que los norteamericanos sabían donde estaba?

Por el momento, la Guardia Revolucionaria, los Pasdarán, está intentando agotar los arsenales de Israel y de EEUU lanzando cientos de primitivos drones de unos 20.000 euros de coste por unidad contra los sofisticados y carísimos sistemas antimisiles de sus agresores. Un misil de una batería Patriot cuesta más de 3 millones de dólares, el sistema completo alrededor de 1.000 millones.

El cálculo tanto estratégico como táctico norteamericano e israelí está equivocado. Las guerras ya no las gana uno y, como consecuencia inevitable, las pierde el contrario, ni tan siquiera todas se ganan o pierden igual, ni se libran de la misma manera contra todos los enemigos. Hoy tienes que diseñar guerras diferentes para enemigos diferentes. Cada uno necesita su guerra a medida.

Los iraníes aguantarán todos los bombardeos que haga falta porque para los ayatolás lo de que les maten a un montón de ciudadanos, primero les importa una mierda y, segundo, responde al ideal del martirio chií siguiendo el ejemplo del sacrificio de Husain Ibn Alí, nieto de Mahoma, en la batalla de Karbala, en el año 680.

Desde Vietnam, Estados Unidos gana las batallas pero pierde las guerras, porque hoy en un conflicto no vence el que más mata ni el que más destruye sino el que pueda soportar más muerte y más destrucción. Los israelíes son conscientes de ello, los norteamericanos no.

Teniendo en cuenta que Irán tiene alrededor de 93 millones de habitantes, los ayatolás pueden permitirse el lujo de dejarse matar unos cuantos millones sin que les tiemble el pulso, mientras el presidente Trump ya está clamando porque sus filas han sufrido 6 bajas.

Esperemos que recupere el sentido común o que sus asesores empiecen a hacer su trabajo y le asesoren para detener esta barbaridad antes de que arrastre a todo el planeta con él.

Y esperemos también que no se le ocurra, como ha dicho, desplegar tropas en tierra. Sería un error irreparable que costaría muchas más vidas norteamericanas de las que Estados Unidos está dispuesto a soportar.

Irán libró una guerra contra Irak que duró ocho años, hasta 1988, en la que ni tan siquiera hoy tienen la certeza de cuántos iraníes murieron, se calcula que entre 200.000 y 600.000, lo que demuestra el escaso interés de los ayatolás en llevar las cuentas.

Si los norteamericanos pisan suelo iraní se quedarán sin gran parte de su superioridad aérea y limitarán la eficacia del escudo protector que les proporciona su sofisticado arsenal. Si rompen su tradicional forma de hacer la guerra a distancia para evitar el precio político de las bajas y deciden luchar de verdad, perderán.

Ya perdieron, perdimos en realidad, contra una panda de cabreros afganos armados con fusiles de asalto de los años cincuenta, ¿de verdad no hay nadie con sentido común alrededor del presidente Trump?


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