Los cambios de guión que está haciendo la Casa Blanca en lo que se refiere a su ataque contra Irán hacen temer que esta nueva aventura militar de Donald Trump no es la excepción a la precipitación y falta de previsión que caracterizan al mandatario norteamericano.
La primera versión de Trump sobre el asunto fue la de junio del pasado año, cuando tras bombardear las instalaciones nucleares de Irán, la Casa Blanca aseguró haber destruido la capacidad del régimen de los ayatolás para fabricar un arma atómica.
La actual agresión apunta también a una segunda lectura de los acontecimientos: ha sido necesario volver a atacar a los iraníes porque, según Trump, Teherán estaban a punto de disponer de armas nucleares, lo que conduce inevitablemente a concluir que esta segunda versión del asunto desmiente a su primera, bien por error, bien porque sencillamente era mentira.
En la tercera versión, los líderes de Israel y EEUU aseguraron que los bombardeos sobre Irán durarían días. Ahora, en un cuarto cambio de versión, tanto Washington como Tel Aviv amplían el plazo a dos meses y advierten de que el conflicto aún se puede alargar más; quizá porque los dos países agresores han aprendido que disparando desde lejos solo se ganan las batallas, no las guerras. Los misiles, drones y bombas destruyen pero no conquistan. Sin infantería sobre el terreno, los atacantes solo lograrán hacer caer al enemigo el tiempo que precise para volver a levantarse.
Y viene ahora el quinto volantazo, cuando el Pentágono y la Casa Blanca se han preguntado quién es ahora el guapo que se mete en ese avispero. Ni Benjamin Netanyahu ni Trump se pueden permitir un chorreo constante de ataúdes; menos aún en el caso del mandatario norteamericano, con un 60% de la población en contra de la agresión a Irán.
Probablemente es entonces cuando Washington le ha preguntado a la CIA a quién, que no sea norteamericano, se puede enviar a luchar sobre el terreno en defensa de intereses que no son los suyos. Evidentemente, los chicos de Langley, con la experiencia aprendida desde el Irán-Contra hasta Siria en la actualidad, piensan en el comodín de Oriente Medio: los kurdos del oeste de Irán, que cuentan con una potente milicia armada que ya ha sido utilizada en anteriores ocasiones por EEUU como fuerza mercenaria.
Aún no ha llegado el sexto cambio de guión, es probable que estemos en el compás de espera mientras se negocia cuánto recibirán los kurdos por hacer la guerra de los americanos. Si bien, no hay que perder de vista como terminó el asunto del Irangate en 1986 o la más reciente intervención de los peshmergas, los milicianos kurdos, en Siria.
De hecho, a las guerras les pasa como a los kurdos, se sabe como comienzan pero nunca como acaban. Más aún en este caso en el que, de nuevo, parece que los norteamericanos están cometiendo el error de ponerse a tirar bombas sin saber para qué.
Recientemente han cometido una ilegalidad en Venezuela para sustituir a un tirano por otro y no es improbable que, tras cometer otra ilegalidad en Irán y unos cuantos miles de muertos más, terminen quitando a un fundamentalista islámico para colocar a otro.
No conquistes un país si no sabes qué vas a hacer el día después con él. Es de primer curso.
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