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Lunes, 21 de Septiembre de 2026
Por Fernando Madariaga

Toda la España consciente lo es de que el presidente del Gobierno miente en relación con la invasión de Ceuta orquestada por Marruecos.

Sabemos que algún secreto inconfesable descubrió la inteligencia marroquí cuando le piratearon el teléfono móvil. También sabemos que Rabat está utilizando esa información para chantajearle y conseguir objetivos como el radical y sorpresivo cambio de actitud de la posición española en el tema del Sahara Occidental, algo que nuestro presidente decidió de manera unilateral sin consultar ni informar al Congreso.

Además sabemos que lo del asalto a Ceuta, la indiferencia previa y la quietud posterior de nuestro Gobierno ante un acontecimiento tan grave, huele intensamente a un nuevo pago exigido por el rey de Marruecos a nuestro presidente-rehén, o bien, y esto sería penalmente más serio, a un acuerdo previo de no hacer nada, que es lo que la Administración lleva haciendo tras más de cincuenta días de invasión del territorio nacional por un país extranjero.

Bien, estos hechos resultan bastante obvios para todo el que quiera verlos, el problema es que el viaje iniciado hoy por el presidente a Nueva York para asistir a la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas, coincidiendo con el anuncio de un nuevo asalto a la frontera de Ceuta el próximo miércoles de unos 90.000 marroquíes, profusamente anunciado en redes sociales, apunta mucho más que a incompetencia o irresponsabilidad. Sánchez ya se preocupó de estar ausente durante todo el mes de agosto a pesar de lo que estaba ocurriendo en la ciudad autónoma y ahora parece repetir la jugada estando fuera del territorio nacional, en principio, hasta el día 24, uno después de la anunciada segunda oleada de invasores. Mal asunto.

Es posible que solo sea un nuevo farol de las autoridades marroquíes, como el de mediados de agosto, pero también es posible que no lo sea al ver Rabat que nuestro Gobierno está dispuesto a no hacer nada para defender la ciudad autónoma, lo que supone una entrega fáctica del territorio en unas circunstancias en las que cuesta mucho creer que nuestros gobernantes sean tan incompetentes y hace sospechar de una actitud acordada o, al menos, consentida.

Que el presidente de un país se ausente del mismo cuando existe una amenaza inminente y veraz de un ataque contra su territorio resulta un indicio bastante sólido de que o hay algo que los demás no sabemos o de que ya todo está hablado y acordado.

Los refuerzos de las fuerzas de seguridad trasladados a Ceuta han sido insignificantes, el Ejército no ha recibido orden alguna sobre cómo debe actuar, los invasores que ya se encuentran en la ciudad han sido instalados junto a las principales infraestructuras críticas mientras la frontera no ha sido reforzada más allá de la ridícula barrera flotante que el oleaje se está encargando de hacer desaparecer. Resulta bastante evidente que el Gobierno no piensa hacer nada para proteger Ceuta, solo falta que Pedro Sánchez ice la bandera de Marruecos en La Zarzuela, al fin al cabo trata con mucha más deferencia a Mohamed VI que al rey Felipe.

Sin embargo, las Fuerzas Armadas no deben olvidar ese artículo 8 de la Constitución que en su punto primero dice "las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional", sin que excepcione esta obligación por el hecho de que el presidente esté de vacaciones o de gira por Estados Unidos.


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