Herramientas de Accesibilidad

Skip to main content
Sábado, 18 de Abril de 2026

Tal vez lo de abandonar la OTAN y llevarse las bases militares de España sea de las pocas buenas ideas que ha tenido Trump desde que llegó a la Casa Blanca. Si Estados Unidos quiere reducir su peso exterior para dedicarse más a los asuntos domésticos, los demás países no somos nadie para ponerle objeción alguna.

Es cierto que, sabiendo ya todo el planeta que el presidente norteamericano cambia de opinión veinte veces antes de no hacer nada, nadie se ha tomado demasiado en serio las últimas amenazas de Trump, salvo quizá sus propios jefes militares, que son los profesionales que pueden calcular el riesgo real de esas dos decisiones presidenciales, tan legítimas como estúpidas.

Como todo el mundo sabe, la Alianza Atlántica no se creó principalmente para proteger a Europa del Pacto de Varsovia, sino a los Estados Unidos de los misiles del este. De hecho el principal y más eficaz papel desempeñado por la OTAN desde su nacimiento en 1949 ha sido su carácter principalmente disuasorio frente al bloque soviético, y ante el hecho geográfico de que somos vecinos, ambas partes hemos sido conscientes de que una guerra en Europa, convencional o nuclear, sería devastadora para todos; al contrario de un juego de suma cero, aquí solo se puede perder o perder más.

Sin embargo para los Estados Unidos de los años de la Guerra Fría, el territorio europeo de la Alianza era la primera línea de defensa ante un ataque con misiles contra suelo norteamericano, razón por la que el Pentágono desplegó en Europa misiles y sistemas de intercepción dotándose de una proximidad geográfica del enemigo que daba a EEUU ventaja en caso de enfrentamiento. Al igual que al tirar una piedra, cuanto más cerca está el punto de lanzamiento del de impacto más fácil resulta acertar y menos tiempo hay para reaccionar. La idea era que si había que pelear, Europa fuera el campo de batalla y la que pusiera la mayor parte de los muertos. Estados Unidos no libra guerras cerca de su territorio.

Obviamente, las bases de EEUU en Europa tienen ese objetivo principal de proteger el territorio norteamericano desde nuestro suelo, lo que no quita que, de paso y siempre como segunda finalidad, beneficie a nuestra defensa.

No obstante, si Donald Trump ha decidido hoy -ya veremos qué dice mañana- alterar las prioridades estratégicas de su país y prefiere acercar a su suelo el campo de batalla, perder la ventaja táctica frente a Rusia y China que le otorga tener sus misiles en nuestro territorio y debilitar la influencia norteamericana en África y Oriente -Próximo, Medio y Lejano-, solo los norteamericanos pueden impedírselo y es un asunto que solo compete a ellos.

Desde Europa, tenemos que aceptar que el equilibrio ha cambiado y ante un Estados Unidos en retirada debemos adaptarnos a la nueva situación, y hacerlo rápido a pesar de nuestra habitual indolencia. No es por casualidad que Pekín despliegue velas mientras Washington las recoge y que siga extendiendo su influencia en África y buen parte del mundo árabe. Rusia también empezó a ampliar sus áreas de influencia, principalmente en los países del Sahel y algunos del África Subsahariana, pero la precariedad de su economía unida al ruinoso gasto que está suponiendo la guerra en Ucrania han obligado a Putin a dejar las aventuras colonizadoras para más adelante.

Por eso, adaptándonos a esa nueva realidad que quiere Trump y dado que Estados Unidos puede llegar a abandonar Rota o Morón, a lo mejor le interesa a los chinos disponer de una base en el Mediterráneo para facilitar y abaratar su “colonización” de África.

No es la opción más deseable pero siempre mejor que la de tener un amigo que se pasa el día amenazándote por cualquier idiotez.


Comentarios potenciados por CComment