Hay que reconocer que el presidente Pedro Sánchez le ha ganado la partida tanto al PP como a Vox al posicionarse desde el primer momento y con total claridad contra los ataques realizados por Estados Unidos e Israel contra Irán.
También es justo admitir que Sánchez hace, por una vez, lo que desea la mayor parte de los ciudadanos de este país, sean de izquierdas o de derechas. Realmente da igual que el presidente vuelva a esgrimir el eslogan de “no a la guerra” por oportunismo político; cuando se trata de matar a gente y tal vez por nuestra dramática experiencia histórica, la inmensa mayoría de los españoles preferimos una mala paz a una buena guerra. Además, una de las grandes virtudes que tenemos como nación es que no valoramos la vida humana como un activo financiero: para esa misma inmensa mayoría vale lo mismo la vida de un norteamericano, de un israelí, de un iraní o de un palestino, cuando resulta evidente que gran parte del mundo vio con indiferencia como Israel mataba a 70.000 palestinos en Gaza y ahora hace lo mismo con los bombardeos sobre Teherán y con la enésima invasión de Líbano.
A Alberto Núñez Feijóo y a Santiago Abascal, el ilegal ataque de ambos países contra Irán les ha pillado fuera de juego. No supieron reaccionar en su momento y se lanzaron a la yugular del presidente socialista por no alinearse con los atacantes; Feijóo probablemente movido por la histórica actitud timorata y pusilánime del PP, que siempre teme parecer lo que es cuando es lo que es. Abascal sin embargo, seguramente no lo dudó ya que se trata de tú a tú con el presidente norteamericano y si gobernara lo mismo habría enviado a La Legión a invadir Irán.
No obstante, ambos se equivocaron y ahora intentan no hablar demasiado a pesar de que raro es el día en que desde la Casa Blanca no llega alguna crítica hacia la actitud de España en este conflicto. Ya es tarde para cambiar de opinión y aún más para hacerlo en el mismo sentido que Sánchez, a pesar de que cada vez son más los países que “cambian de bando” y se pasan al que es sin duda lo que han llamado “el lado correcto de la Historia”, en el que siempre ha estado el presidente socialista, nos guste o no.
Mala jugada de los dos líderes de la oposición que no parecen conocer al pueblo español e imperdonable porque ya vivimos esta experiencia cuando el arrogante Aznar nos embarcó en la también ilegal cruzada de Reagan en Irak. En aquellos días previos a esa irresponsabilidad, en las calles de España quedó claro que el “no a la guerra” no era un lema socialista sino nacional.
Y en estos días esa inmensa mayoría de españoles ve con preocupación que los dos partidos conservadores que pueden estar gobernando España dentro de poco son capaces de apoyar una ilegalidad solo porque consideran que contribuye a derribar al actual Gobierno. Esa avidez por hacerse con el poder no tranquiliza y apunta a que vamos camino de sustituir a un déspota por otro.
Además, se trata de una simple cuestión de patriotismo, pero no de ese del que tanto hablan PP y Vox cuando les dan un micro sino del de verdad, del que no se cuenta, se demuestra. Posicionarse junto al Gobierno y los demás partidos contra una ilegalidad internacional que está provocando miles de muertes y que puede conducir al planeta a una catástrofe que nos arrastre a todos, es una obligación por lealtad institucional, por respeto a esa inmensa mayoría de españoles y, sobre todo, por decencia como seres humanos.
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