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Miércoles, 19 de Noviembre de 2025

Es necesario que los líderes europeos se tranquilicen y pierdan el miedo a contradecir a Donald Trump. Probablemente, a medio plazo, será positivo para Europa hacerse cargo de sus propios problemas.

Primero ha sido la urgencia de armarse frente a Rusia comprando, por supuesto, material militar norteamericano para que Trump pueda empezar a reducir el escandaloso nivel de deuda pública de Estados Unidos. Ahora toca la segunda fase, la de la emergencia logística y la necesidad de preparar un “Schengen militar” que permita el transporte de tropas y material con la máxima celeridad entre los países miembros de la Unión Europea y de la OTAN hasta llegar a las fronteras rusas. Ya saben, para cuando nos invadan.

En fin que nuestros gobernantes europeos se están inventando una nueva excusa para sacarnos otro montón de miles de millones de euros en impuestos bajo la coartada de que nuestras infraestructuras no están preparadas para un urgente desplazamiento militar frente a una amenaza exterior. Se trata de gastarse unos 100.000 millones en arreglar carreteras, puentes, túneles, aeropuertos, puertos y vías de tren para que los tanques lleguen rápidamente a su destino y así hacer frente al invasor.

Bien, nuestros gobernantes deben mostrar algo más de templanza y no salir corriendo  para gastarse el dinero de la gente solo porque a Trump se le ha ocurrido otra brillante idea. Es cierto que el presidente norteamericano no ha sido el artífice de esta última sandez, eso se le ha ocurrido a nuestros propios dirigentes cuando probablemente inventaban la forma de justificar el destino de cantidades millonarias a esos megaproyectos de obras públicas en los que el dinero de todos vuela de un lugar para otro y los tantos por ciento en mordidas van desangrando al contribuyente desde el día que empieza la obra.

Rusia no nos va a invadir salvo que la sigamos empujando a dar ese paso suicida. Tenemos que aprender, y Estados Unidos también, de lo que hicimos en Ucrania desde 2004 para saber qué error no debemos volver a cometer, porque la guerra de hoy la empezamos nosotros con la llamada Revolución Naranja y luego con el derrocamiento del presidente prorruso Yanukóvich por el Euromaidán en 2014. Desde ese momento, el que Rusia se lanzase sobre Ucrania era solo cuestión de tiempo.

Aún así, como hemos dicho en este espacio anteriormente y salvo que nos empeñemos en cometer el mismo error de dejar a Vladímir Putin sin opciones, Rusia no tiene, ni remotamente, capacidad militar para invadir Europa, ni dinero para hacerlo. Si nosotros tenemos problemas logísticos para trasladar militares, imaginen lo que será para el Ejército ruso. El PIB ruso en 2024 fue de 2 billones de euros, mientras el de la UE fue de 17 billones y el de EEUU, algo más de 25 billones de euros. Si suman los PIBs occidentales y lo comparan con el ruso comprenderán que no podrían invadir Europa ni pidiendo un crédito. Tras más de tres años de guerra, ni tan siquiera han conseguido alcanzar sus objetivos en Ucrania, y eso que se trataba solo de una invasión parcial y que el PIB ucraniano en 2024 fue de algo menos de 174.000 millones de dólares.

Por si alguien lo piensa, la respuesta es no. No existe la amenaza nuclear salvo que nos empeñemos en colocar a Putin en una situación desesperada. No hay duda de que el dictador ruso, forzado a hacer lo inevitable, lo hará. Evitemos llegar a ese punto y la amenaza rusa empezará y terminará en los actuales actos de sabotaje que son los mismos que realizamos nosotros en territorio ruso, aunque ellos no les den publicidad.

Y desde el punto de vista estrictamente logístico, económicamente no es viable cambiar el ancho de vía de varios países de Europa, incluyendo a España, para que los trenes con material militar puedan llegar más rápidamente a sus destinos.

Apliquen también el filtro económico a las carreteras para que aguanten el peso y tamaño de ese material militar; ¿cuánto costaría preparar las principales autovías y autopistas de la UE para soportar las casi 70 toneladas de un Leopard 2A8? Pues probablemente tanto como solucionar buena parte del problema de la vivienda, o bien disminuir la brecha entre lo que se paga por el trabajo y lo que de verdad cuesta vivir en Europa, mejorar las pensiones, la educación o la sanidad pública.

En una Europa tan rica en la que a tanta gente le cuesta tanto vivir, plantear lo de pagarle a Donald Trump su deuda pública para que no se enfade es una inmoralidad.


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