Aunque mienta, el presidente del Gobierno dice la verdad y tiene razón al preguntar por qué Rusia fue excluida de casi todos los acontecimientos internacionales una semana después de invadir Ucrania y, sin embargo, no se hace lo mismo con Israel por los crímenes de guerra que está cometiendo en Gaza.
Sabemos que Pedro Sánchez miente, está utilizando el exterminio de los palestinos como instrumento para desviar la atención de lo que realmente le preocupa, que no es otra cosa que su supervivencia política. Sin embargo, la jugada le ha salido bien porque lo que sí parece seguro es que una inmensa mayoría de españoles desaprueba lo que el Gobierno israelí está haciendo en la Franja de Gaza y, desde ese punto de vista, apoyan la postura de Sánchez, que ha sido, quizá no el único pero sí el más tajante al manifestar su abierta oposición a aceptar sin más un genocidio que está cambiando el papel histórico de los israelíes, de víctimas a verdugos.
También acierta Sánchez al hablar de un doble rasero y fingir indignación por ello, a pesar de que no es la persona más adecuada para rasgarse las vestiduras. A pesar de todo, es posible que su petición para someter a Israel a sanciones realistas, empezando por excluir su participación en determinados eventos internacionales, no provoque la desaprobación que aseguran desde los partidos de la oposición.
En esta ocasión, es muy probable que PP y Vox se estén equivocando; como seres humanos la aversión que provocan las imágenes que cada día vemos en televisión trasciende a cualquier ideología política y es probable que muchos electores populares no le perdonen a Feijóo el no haberse puesto indubitadamente de lado del respeto a los derechos humanos. La verdad es que en la derecha, nadie lo ha hecho.
En lo que respecta a los acontecimientos que han provocado esta polémica, que comenzó con los incidentes en la Vuelta a España protagonizados por el movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) y que ahora se agravan con la decisión de España de no participar en el concurso de Eurovisión si Israel no es expulsada, hay que reconocer que tantos manifestantes como Pedro Sánchez han logrado un impacto mediático internacional que de ninguna manera habrían conseguido plegándose a los deseos de Donald Trump de que nadie moleste a Netanyahu, algo que ha hecho gran parte del planeta, empezando por la mayoría de los países árabes que, de nuevo, han abandonado a los palestinos a su suerte.
El BDS es sin duda el gran ganador de esta batalla política. Que un movimiento nacido en Palestina hace 25 años y que sobrevivía en la irrelevancia por su escasa influencia incluso en Oriente Próximo y Medio, haya logrado, en un país europeo y con un número muy limitado de simpatizantes, montar este follón ante Israel recuerda mucho a la historia de David y Goliat, aunque en versión palestina.
Según algunos medios de comunicación, la Policía detectó entre los manifestantes que fastidiaron el pasado domingo el final de La Vuelta a antiguos activistas de la kale borroka, a yihadistas y a simpatizantes de Hamás. Es posible, es lógico que el movimiento palestino intente sacarle todo el jugo a lo que es sin duda una victoria en el ámbito internacional frente a Israel. Por otro lado, también es habitual que los disturbios atraigan a indeseables de todo pelaje.
Sin embargo, las imágenes de todos los canales de televisión no mostraron a los habituales de Black Block quemando contenedores ni lanzando cócteles molotov a los antidisturbios. Por el contrario lo que más vimos fue a policías despachándose a gusto con gente que parecía bastante normal y que no mostraba intención de agredirles.
Resulta sorprendente, viendo lo que vimos por la tele, que más de una veintena de agentes resultaran heridos, salvo que se hicieran daño en la muñeca pegándole palos a los manifestantes.
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