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Domingo, 14 de Septiembre de 2025

Desplegar tropas europeas en Ucrania una vez se alcance un acuerdo de paz es un error innecesario y otra provocación gratuita a Vladimir Putin. En la UE nos estamos convirtiendo en los mejores haciendo las cosas mal y tarde.

Alcanzado un acuerdo efectivo de paz entre ambas partes, después de varios cientos de miles de muertos, no es desde luego lo más inteligente pretender desplegar tropas de la OTAN en territorio ucraniano. A pesar de que nos hemos fabricado el discurso de que se ha tratado de una clara agresión rusa sin provocación previa, y ahora que no nos oyen en Moscú, reconozcamos que sí ha sido una agresión rusa, pero no ha sido sin provocación.

Porque la guerra de Ucrania comenzó a gestarse en 2004, con la llamada “Revolución Naranja”, que estalló tras el fallido pucherazo electoral de Víktor Yanukóvich, candidato de Moscú a la Presidencia, que finalmente consiguió ganar limpiamente en 2010. El inestable ciclo ucraniano continuó hasta finales de 2013 con el levantamiento del “Euromaidán” que acabó con el derrocamiento y expulsión del presidente prorruso pero, nos guste o no, legítimo de Ucrania.

Los nuevos vientos apuntaban en ese momento a Kiev hacia la UE y hacia la OTAN, lo que llevó a Rusia a asegurar sus intereses invadiendo Crimea y “rusificando” aún más el Donbás para contar con su propia zona secesionista en territorio ucraniano. Para ser justos, Putin nos dio de nuestra propia medicina porque la inteligencia occidental no se quedó al margen a la hora de levantar los ánimos en la rebelión del Maidán, ni fuimos ajenos a la caída de Yanukóvich. Nos habíamos metido en el patio trasero de un vecino que tenía su Flota del Mar Negro fondeada en un puerto ucraniano. El presidente ruso solo tenía dos opciones, o transigir y perder la influencia en Ucrania mostrando debilidad, o revolverse como gato panza arriba. Tratándose de Putin, obviamente, eligió la segunda opción.

Y aquí estamos hoy, después de varias generaciones de jóvenes de ambos países perdidas, planteándonos enviar tropas cuando ya no hagan falta. El presidente francés, Emannuel Macron, que parece querer distraerse de sus problemas domésticos creando otros internacionales, es el mayor partidario de este disparate.

Es cierto que Putin también tienta la suerte dejando escapar algunos drones hacia Polonia y Rumanía para comprobar el grado de solidaridad entre los socios de la Alianza, pero no podemos dejarnos llevar por lo que hace un autócrata que no tiene que responder ante nadie. Nosotros no somos como él, y si lo somos, mejor dejémosle gobernar toda Europa. Qué más da un dictador que otro.

Fue el acercamiento a Europa y a la OTAN lo que provocó la invasión rusa, ¿de verdad alguien cree que la mejor idea para mantener la paz cuando se haga efectiva es enviar nuestras tropas allí? Suena más a provocación que a cooperación.

Una vez se alcance la paz, serán los beligerantes los que tendrán que elegir cómo quieren que evolucione el tiempo de "no guerra", que no es lo mismo que la paz. Y lo lógico es que, si acuerdan el despliegue de tropas internacionales en misión de mantenimiento de la paz, lo hagan a través de Naciones Unidas, que ya se ocupará de formar un contingente de nacionalidades que sean aceptables para ambas partes.

Cabría incluso una misión internacional de observadores civiles, desarmados por supuesto, de alguna institución internacional como la OSCE, o incluso de la UE, pero después de lo que ha llovido en estos tres años, lo de plantearse el envío de tropas occidentales sobre el terreno no es ni tan siquiera una estupidez, es una provocación que puede desencadenar un desastre aún mayor que el que se pretende resolver.

Bastaría cualquier incidente entre soldados occidentales y rusos, que con toda seguridad se produciría, para encontrarnos en la guerra que todos queremos evitar. O casi todos.


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