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Por Fin

De reclutas a carne de cañón

Editorial

Domingo, 31 de Agosto de 2025

Que Europa reabra ahora el debate sobre si rescatar el servicio militar obligatorio parece un corolario inevitable de la psicosis que, tanto desde la OTAN como desde la UE, pretenden extender entre la población sobre la inminente amenaza rusa.

Y desde luego es también el segundo paso obligado a la compulsiva obsesión por aumentar el gasto militar a una cantidad que ni nos podemos permitir, ni necesitamos. Todo por no enojar a un presidente de los Estados Unidos que cada día recuerda más a un dictador infantilizado que toma una decisión y la contraria de forma caprichosa provocando una notable inquietud en un planeta en el que ya hay demasiados gobiernos con cretinos megalónamos al frente.

Alemania es el último país en sumarse esta semana a lo de restaurar un servicio militar que, de momento, será voluntario, aunque la ley contempla la posibilidad de convertirlo en obligatorio si las fuerzas armadas no alcanzan el nivel de reclutamiento esperado. En otros países europeos se ha abierto también el debate, siempre animado por las advertencias tremendistas desde la OTAN sobre el peligro de que toda Europa sea invadida por una Rusia que no ha sido capaz de doblegar solo a Ucrania.

Resulta evidente que detrás de este montaje solo existe un objetivo económico por parte de quienes tienen intereses en la industria de defensa y de los gobernantes que pretenden utilizar ese sobresfuerzo presupuestario tanto en un medio para activar más sus economías como para contar con una excusa que justifique una mayor presión fiscal sobre el agotado ciudadano medio.

En realidad, ni necesitamos ni nos conviene recuperar la “mili” en cualquiera de sus formas. En el caso español, por el momento parece que no se ha planteado el debate y solo un periodista preguntó esta semana sobre el tema a la titular de Defensa que,  aún contestando con la habitual falta de concreción y claridad que caracteriza a todos los ministros de este Gobierno, descartó esa posibilidad.

En Europa no podemos olvidar las lecciones aprendidas de nuestra experiencia, cuando el servicio militar obligatorio convirtió a muchas fuerzas armadas en una suerte de instituciones de educación básica donde los jóvenes “se hacían hombres” y aprendían muchas de las cosas que nunca les enseñaron sus padres. Todo ello, por cierto, sin aprender a combatir.

En la actualidad, con la laxitud, permisividad y sobreprotección hacia la juventud, es probable que se acentuase el papel del Ejército como jardín de infancia; más aún si tenemos en cuenta que la forma de vida impuesta a nuestra sociedad, con ámbos cónyuges trabajando, ha creado un vacío aún mayor en la educación de unos niños que son aparcados en las guarderías, su primer cuartel, desde los cero años y que solo son expulsados al mundo real cuando tienen edad para convertirse en contribuyentes, momento en el que dejan de ser reclutas para convertirse en carne de cañón.


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