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Lunes, 30 de Junio de 2025

Evidentemente nuestro presidente del Gobierno no ha salido por la puerta grande de la reunión de la OTAN celebrada en La Haya, pero hay que reconocerle que la postura adoptada en lo referente al aumento del gasto en defensa es la menos incoherente de la unánime mantenida por los reunidos.

Es cierto que el compromiso de Pedro Sánchez de aumentar el gasto en la materia hasta el 2,1% del PIB frente a la exigencia de Donal Trump del 5% es solo una pose de cara a sus socios de gobierno más progres que no ven con buenos ojos, su electorado tampoco, todo lo que suene belicista. Porque la verdad es que Pedro Sánchez, al suscribir el acuerdo, se ha comprometido al 5% como los demás socios de la Alianza. No estar de acuerdo con las condiciones de tu hipoteca no te libera de cumplirlas una vez que has firmado.

Todos sabemos que nuestro presidente vendería el corazón de un familiar con tal de permanecer en La Moncloa y que es un trilero doctorado a la hora de mentir sin vergüenza alguna a los españoles, pero eso no quita que su oferta del 2,1% resulta bastante menos incoherente, y menos falsa, que la de la mayoría de los restantes miembros de la OTAN.

En realidad, de los 32 Estados que formamos parte de la Alianza y que nos hemos comprometido a ese aumento del gasto hasta la cantidad exigida por Washington, muy pocos tienen capacidad económica suficiente para cumplir ese objetivo del 5% en el plazo de diez años establecido. Más aún, lo más probable es que la mayoría no podamos siquiera alcanzar el objetivo del 2,1 al que Sánchez nos ha comprometido. Quizá muchos de los que han suscrito el acuerdo han pensado que dentro de diez años a quién le importa, que vaya Trump a cobrarle al que esté gobernando. Lo más gracioso es que el presupuesto en defensa de EEUU está entre el 3,4 y 3,6% del PIB.

En resumen, que el acuerdo de La Haya huele a uno de esos compromisos internacionales asumido para no ser cumplido, y de esos tenemos un buen montón.

De todos modos, ante el malestar que ha creado la postura española en este asunto, quizá lo que deberíamos replantearnos es el modelo de relaciones internacionales y estudiar la necesidad de actualizarlo. La OTAN nació en la segunda posguerra mundial por el empeño puesto por Estados Unidos en formar un bloque que hiciera frente al del Pacto de Varsovia y, para ser más exacto, fue creada para proteger principalmente a Estados Unidos de los misiles soviéticos y para que, de tener que pelear, la batalla se desarrollase en Europa. Los norteamericanos siempre han sido poco partidarios de que las bombas caigan en su territorio.

Con la descomposición de la URSS, Rusia emergió como el nuevo gran enemigo de la Alianza, aunque para la OTAN el objetivo de utilizar los recursos europeos como la primera línea de defensa de Norteamérica no cambió, aún hoy no ha cambiado. Los sistemas de defensa antimisiles, como el Aegis, desplegados en nuestro suelo -en el español también-, protegen mucho más el continente americano que el nuestro y los recursos desplegados por el Pentágono aquí están principalmente planteados para proteger el territorio norteamericano, no para salvar a Europa.

Si a eso añadimos que la principal amenaza exterior para España está en el sur y no en el norte, que el paraguas defensivo no alcanza a Ceuta y a Melilla, y que el club atlántico se está encareciendo por encima de nuestras posibilidades, no parece demasiado lógico que sigamos en una organización que no vamos a poder pagar y que no nos sirve para nada.

España entró en la Alianza Atlántica también bajo amenaza como nos explicó en 1982 el entonces presidente del Gobierno, Felipe González. El Planteamiento era sencillo, OTAN sí, si pretendíamos entrar en Europa.

Pero el mundo ha cambiado mucho, y muy rápido, hoy hay países de la Unión Europea que no pertenecen a la OTAN (Austria, Irlanda, Malta y Chipre), y no parece ninguna locura que nos replanteemos la necesidad de pagar una estructura defensiva creada en 1949 que nos protege de enemigos que no tenemos pero no de los que podemos llegar a tener.

Finalmente, gastarse esa cantidad de dinero para satisfacer el ego y la industria del fanfarrón que ocupa la Casa Blanca es una inmoralidad cuando tenemos un montón de gente con empleo y nómina durmiendo en los aeropuertos.


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