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Domingo, 1 de Junio de 2025

De todos es conocida la impresionante facilidad que tiene la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, para hacer subir el precio del pan cada vez que abre la boca. Probablemente quienes más motivos tienen para temerla son esos trabajadores a la que cree defender.

Con las subidas del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), de las que con tanta frecuencia se jacta, solo ha conseguido empobrecer a empresarios y a empleados. A los primeros les han subido los costes laborales que, obviamente, han trasladado a sus precios en todo lo posible.

Para los segundos, esas subidas de sueldos se han traducido en el tradicional y lógico aumento general de precios que ha reducido la capacidad adquisitiva de la inmensa mayoría de los trabajadores, con el resultado final de que las supuestas subidas de sueldo han terminado en un empobrecimiento generalizado de la mayoría de los españoles, excepción hecha de esa privilegiada minoría que forma la oligarquía política y económica nacional a la que nunca le toca perder.

Ahora la ministra vuelve al ataque con lo de la reducción de la jornada de trabajo a treinta y siete horas y media, motivo por el que todos los que forman parte de una relación laboral se han echado a temblar. Sobre todo porque Díaz, con su preocupante tendencia a saber que ella es la única que tiene razón, pretende imponer la reforma del igual modo que lo hizo con los salarios, manu militari. Cometiendo de nuevo el mismo error: su nueva aventura ni cuenta, ni le importa, con la participación de la patronal a la que, sin embargo, pretende pasarle la factura.

Si logra su propósito de que se trabaje menos cobrando lo mismo, cosa que está por ver, el resultado será el lógico e inevitable: Los empresarios que puedan tendrán que contratar más personal para poder cumplir con las 37,5 horas y, obviamente, traspasarán ese sobrecoste al precio de sus productos o servicios, y lo harán como lo han hecho con el SMI, con un redondeo hacia arriba. En consecuencia serán los mismos trabajadores los que terminen pagando la nueva mamarrachada de esta señora que no para de máquinar para conseguir empobrecer a los que dice proteger.

Y los empresarios que no puedan trasladar la subida de costes laborales harán lo contrario, despedir personal para no subir precios y seguir siendo competitivos, o cerrar en los casos en los que las medidas de la ministra de Trabajo hagan inviable la empresa.

Sabemos que el talón de Aquiles de la economía española es el déficit de productividad que tradicionalmente suplimos con una sobredosis de “presentismo”: muchas horas en el puesto de trabajo para hacer muy poco.

Desde luego, la solución a este problema endémico de nuestro mercado laboral no consiste en trabajar menos horas, salvo que las trabajemos mejor, cosa que, obviamente, no va a suceder.

También sabemos que el objetivo de Yolanda Díaz, de Sumar en realidad, es comprar los votos necesarios para no desaparecer en las próximas elecciones, y con ese fin está regalando a la clase trabajadora un dinero y un tiempo que no puede pagar, algo que a ella le importa un rábano porque su personal "campaña electoral" la están pagando el empresario y los contribuyentes.

Sin embargo no le funcionará y tanto la ministra como su partido, terminarán siendo absorbidos por el PSOE y demás formaciones de izquierdas, o desaparecerán de la esfera política nacional.

Es el inevitable precio que tiene no ejercer el poder con sentido común.


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