Aunque los diferentes casos de corrupción que afectan al Gobierno y al PSOE tienen al país patas arriba y a los ciudadanos hastiados de la clase política e incluso de algunas instituciones, no es lo que más me preocupa.
Creo que estamos pasando por alto o prestando escasa atención a una corrupción política que seguramente represente ya una amenaza para la seguridad nacional y para la seguridad occidental. Me refiero a la muy sospechosa relación íntima entre gobernantes, exgobernantes y destacados miembros del Partido Socialista con la empresa china Huawei. No es ningún secreto que esta tecnológica está directamente bajo el mando del Partido Comunista Chino, que es lo mismo que decir que está a las órdenes del Gobierno chino.
Fue precisamente el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero quien en el año 2005 comenzó la extraña relación entre Madrid y Pekín para sorpresa de todos nuestros aliados, empezando por la OTAN, al abrir de par en par las puertas de España a los productos y a la inteligencia china. La prensa española ya informó entonces de que los acuerdos firmados con el presidente Hu Jintao durante su visita a España, con los que Zapatero pretendía alcanzar una "Asociación Estratégica Integral entre España y China", apenas suponían mejora alguna para nuestros intereses mientras permitían a Pekín entrar hasta la cocina sin control alguno a través de sus empresas tecnológicas, auténtico caballo de Troya del espionaje chino.
Desde entonces, el socialismo español mantiene una relación tan estrecha como sospechosa con el sector tecnológico de ese país; relación que le ha permitido tomar parte en el desarrollo de nuestra red 5G y que el Gobierno de Pedro Sánchez le entregue la gestión de todas las comunicaciones del Sistema de Escuchas Judiciales, los datos de la Seguridad Social, las comunicaciones de Adif y dar "soporte tecnológico" a Telefónica y a Vodafone. Y para culminar el despropósito, el Gobierno socialista ha incluido a Huawei en el Centro de Operaciones de Seguridad 5G (SOC 5G), que es el organismo encargado de la supervisión de esta red.
Obviamente, que Acento, la consultora del exministro del PSOE José Blanco y de Antonio Hernando, hombre de confianza de Sánchez en Moncloa, represente los intereses de la tecnológica china en España, que la pareja del actual ministro de Exteriores haya sido vicepresidenta de Huawei en nuestro país para luego pasar a ser consejera de la red de satélites Hispasat, que tenga firmados dos contratos con la empresa de las hijas de Zapatero o que su jefe de seguridad en La Moncloa tenga ahora el mismo cargo en esta empresa china apunta a una conexión sospechosamente íntima entre el socialismo español y el régimen de Pekín.
A Europa no le huele nada bien el asunto mientras que los norteamericanos tienen la certeza de que si algo huele a podrido es porque lo está, razón por la que la inteligencia de Washington y algún miembro del Senado han recomendado a la OTAN ser prudentes con la información clasificada que entregan a España.
Con ese cuadro, las comisiones, las joyas, las putas o las juergas de esa "élite" socialista que se pasa el día prestando declaración en un juzgado, no me preocupa demasiado.
Intento hacer un balance de cuánto costará al próximo Gobierno, en tiempo, esfuerzo, recursos y dinero, desmontar todo el entramado que el espionaje chino debe llevar montando desde 2005 en nuestro país gracias a la colaboración del PSOE. Probablemente hablamos de años, aunque seguro que menos de los que tardaremos en recuperar la confianza de nuestros aliados.
Con la que está cayendo judicialmente sobre personajes relevantes del socialismo español, es sorprendente que aún no hayan salido a colación los artículos 584 y 599 y siguientes del Código Penal, relativos a los delitos de traición y de descubrimiento y revelación de secretos.
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