Yo no lo haría, yo no haría casi nada de lo que se está haciendo en relación con el barco en el que se ha producido el brote de hantavirus. Haría casi todo lo contrario.
De entrada, me ha parecido lamentable la postura del presidente canario, Fernando Clavijo, cuya mezquindad va unida a las servidumbres que obliga el estar en la oposición al Gobierno nacional y en el objetivo de derribar a Pedro Sánchez.
En este tema, como en tantos otros en esta época oscura de España, se están tomando las decisiones en base al criterio político y no al sanitario. El barco tendría que quedarse en Canarias ya que Marruecos, miembro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se ha negado a cumplir con sus obligaciones abandonado a esa gente en el mar al igual que lo hace con sus propios nacionales cuando intentan llegar a nuestras costas. Eso dice mucho sobre el que gobierna ese país.
En todo caso da igual, nosotros no somos como ellos, o no debemos serlo. Somos la Unión Europea (UE) y debería dar igual bajo qué bandera navegue el barco, en este caso de un Estado miembro de lo que se supone es una comunidad de naciones con objetivos comunes. El barco debería quedarse en Canarias y no pasear un posible contagio vírico por todo el Atlántico. Los pasajeros deberían pasar la cuarenta en Canarias en instalaciones adecuadas, porque lo más probable es que no se produzcan más positivos y, de producirse alguno, lo más seguro para todos es tener el riesgo concentrado, aislado y controlado en un solo lugar y bajo supervisión sanitaria. Si necesitamos ayuda de la UE, la pedimos, pero ni tan siquiera creo que eso sea necesario. Mover de país a país un posible foco infeccioso no es solo una temeridad sino, además, una estupidez.
El presidente canario ha actuado en base al criterio común a los políticos españoles: salvar el culo para resultar reelegido y cumplir las directrices de Madrid para derrocar a Pedro Sánchez. Esto no va de eso.
Salvo que la cepa Andes haya mutado, la posibilidad de que un contagio de hantavirus se convierta en pandemia es más que remota. Mientras no se trasmita por el aire no hay motivo para el actual alarmismo, inventado principalmente por unos grandes medios de comunicación que, movidos por el dogma de procurar los máximos beneficios a sus inversores, precisan del "efecto napolitano", crear la tragedia para vivirla. Tenemos más motivos para preocuparnos de un potencial problema de salud pública provocado por las decenas de miles de inmigrantes que llegan a España sin ningún control que por el famoso barco, aunque es cierto que los del barco llevan pasaporte y pertenecen a países que importan.
Parece mentira que no hayamos aprendido nada después de la estupidez de la entonces ministra de Sanidad Ana Mato, cuando decidió importar el ébola a nuestro territorio trayéndose desde África a un infectado que, a su vez, infectó a una auxiliar de enfermería del Hospital Carlos III en 2014. ¿Realmente somos tan torpes?
En este caso, además, existe un importante componente de desinformación propiciado por los grandes medios de comunicación que necesitan para sobrevivir crear esas tragedias de las que hablaba a pesar de que carezcan de fundamento. A eso hay que sumarle la increíble cantidad de periodistas inexpertos, que son más baratos que los expertos, para trasmitir dramatismo a cualquier noticia y así crear una preocupación nacional, que es lo que produce beneficios a lo que financian a unos medios que ya no son una fuente de información veraz y objetiva sino, sencillamente, un negocio. Más aún cuando cualquier gilipollez se convierte en argumento político para ir contra uno o contra otro.
Todos los pasajeros deberían pasar la cuarentena en Canarias y si allí no hay suficientes recursos, los llevamos, porque lo importante es aislar y concentrar el riesgo, evitando cualquier posibilidad de trasmisión, más aún cuando esa cadena de trasmisión, en el caso del hantavirus, es bastante corta.
Si debemos preocuparnos de algo es de los pasajeros que abandonaron el barco antes del confinamiento y que aún no han sido localizados, aunque no perjudique a Pedro Sánchez. Mi impresión es que todo quedará en un susto. Es poco probable que hayan tenido un contacto tan íntimo con un infectado como para ser portadores del virus -hasta el momento, los que estuvieron en contacto directo con pasajeros afectados han dado negativo en los test-. Es poco probable pero posible, por lo que debemos preocuparnos de los sujetos que no tenemos controlados, no por los que sí lo están en un espacio cierto, caso de los pasajeros del crucero, y que lo seguirían estando si los hubiésemos mantenido así y no dispersándolos en aviones por un montón de países. No es buena idea. Cuando sucedió lo del contagio de ébola en España lo advertí y, por desgracia, no me equivoqué.
Volvemos a cometer el mismo error solo pensando en los turistas que planean ir a Canarias y nos olvidamos del riesgo que supone la posibilidad de dispersar una posible enfermedad infecciosa por todo el planeta. Les garantizo que si eso pasa, como sucedió con el covid, el turismo se verá mucho más afectado que ahora.
Si no somos capaces de demostrar que Europa realmente existe en un episodio como este, ¿qué podemos esperar si tenemos que ir a una guerra por un Estado miembro invadido?
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