Resulta incomprensible que el rey Felipe VI se haya metido solito en el estúpido lío creado por la Presidencia de México sobre si la conquista de su país por parte de los españoles se hizo de forma más o menos acertada.
Anteriormente Manuel López Obrador, y ahora su sucesora y actual presidenta, Claudia Sheinbaum, alimentó la ficción de un agravio histórico causado por los excesos cometidos por los conquistadores españoles en 1519.
Por este motivo, Obrador dirigió en 2019 una carta a Felipe VI exigiéndole disculpas por la actuación de los españoles durante la conquista de México. El rey, como es lógico, no prestó la más mínima atención a un asunto que se lee en clave doméstica. Tanto López Obrador entonces como Sheinbaum ahora hacen juegos malabares para gobernar un Estado fallido, que es en lo que se ha convertido México desde que los cárteles del narcotráfico se constituyeron en un gobierno paralelo con tanto o más poder que el oficial.
Esta realidad quedó meridianamente clara tras la muerte el mes pasado del líder del cártel de Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”, en un enfrentamiento con operativos federales. Todos recordamos como, durante varios días, sus hombres convirtieron Jalisco en una versión iberoamericana de Beirut, mostrando la incapacidad del Estado para mantener un mínimo de seguridad en el país.
También es de sobra conocido que este problema no es nuevo y que tanto López Obrador entonces como ahora Claudia Sheinbaum juegan cualquier carta que lleve a sus ciudadanos a mirar al sitio más alejado posible de los problemas que realmente tienen.
Conociendo todo esto, lo sorprendente es que el rey haya cometido la torpeza de implicarse en un asunto que ni le compete ni nos compete.
Pretender convertir en un agravio de 2026 lo que sucedió hace quinientos años es tan estúpido que no merece respuesta ni, por supuesto, reconocimiento alguno, menos aún del jefe del Estado que en este caso parece haber ido algo más allá de su competencia al olvidar el famoso aforismo de que “el rey reina pero no gobierna”.
Actualizar los agravios históricos nos obligaría a entrar en una ridícula espiral de enfados y disculpas entre Estados que implicaría a todas las naciones y que debería comenzar por la Prehistoria, cuando uno de la tribu “A” le pegó con un garrote en la cabeza a alguien de la tribu “B”.
Intenten imaginar las situaciones esperpénticas a que daría lugar interpretar con la mentalidad, las ideas y los principios actuales, todo lo ocurrido en la Tierra desde el año cero. Plantear algo así solo indica el nivel de desesperación que debe padecer la presidenta Sheinbaum al no conseguir gobernar el país a pesar incluso de estar bajo la tutela de la Casa Blanca.
Con sus inoportunos comentarios, Felipe VI solo ha logrado trasladar la imagen de una España débil y culpable. Algo que sin duda será aprovechado por la presidenta mexicana y por otros países para clamar reparación. Y si ya hemos reconocido una inexistente culpa, ¿quién dice que no terminaremos admitiendo, y pagando, por otras responsabilidades?
Felipe VI debe dedicarse a lo que hace, reinar, la competencia para meter la pata es del Gobierno y ya ejerce con suficiente eficacia.
Comentarios potenciados por CComment