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Martes, 20 de Enero de 2026
Por Fernando Madariaga

Nos guste o no Europa tendrá que asumir que los Estados Unidos de Donald Trump ya no son nuestro aliado, e igualmente que la OTAN ha perdido el sentido que ha tenido hasta ahora como muro de contención frente a Rusia a la vez que vigila de reojo a China.

No tiene sentido alguno pertenecer a un club en el que el principal socio amenaza militarmente a sus aliados o los somete a constantes chantajes con la imposición de aranceles. Sin embargo, y a pesar de que la solución más rápida sería la de que cada cual tirara por su lado, la más lógica es que sea el socio que no es feliz en el club el que lo abandone voluntariamente.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es el único que cuestiona a la Alianza, que amenaza a sus propios aliados si no le aplauden las sandeces que se le suelen ocurrir. Lógicamente, lo más coherente y rápido no es que abandonen la Organización 31 de los 32 Estados miembros sino, que lo haga el único que no está cómodo con sus aliados.

Como alternativa existe por supuesto la opción de avanzar en la construcción de esa defensa europea independiente de la que tanto hemos hablado, mientras hemos hecho tan poco para convertirla en realidad, pero esa opción siempre ha planteado el inconveniente de que dejaríamos fuera a Canadá y a Turquía, dos miembros fundamentales de la defensa occidental.

Trump, con toda la razón del mundo, ha repetido con frecuencia que no está dispuesto a pagar casi en solitario el precio de la defensa de Europa y ha impuesto ese 5% del PIB en inversión militar que no podemos cumplir porque varios Estados miembros no tenemos ese dinero. Al menos no lo tenemos para defensa. Ahora amenaza con invadir parte del territorio de otro socio de la OTAN. Parece obvio que el lugar de los Estados Unidos de Donald Trump no está ni en la Alianza ni en Europa, por lo que es más lógico que busque su sitio en otros lugares del planeta, con otros socios o en solitario.

A la vez, el presidente norteamericano haría un favor a los europeos al obligarnos a hacernos mayores de edad y a responsabilizarnos de nuestra propia defensa, abandonando definitivamente el papel de hermano pequeño de Washington.

Otra ventaja a tener en cuenta de una OTAN sin Trump es que volveríamos a las decisiones tomadas con sentido común y de forma colegiada. Es cada día más evidente que el presidente norteamericano no está bien, la mayoría de las cosas que hace o dice no son propias de una persona en su sano juicio. Ayer mismo culpó al Gobierno Noruego de que su amenaza de invadir Groenlandia es consecuencia de que no le hayan concedido el Premio Nobel de la Paz y hoy ha reiterado su intención de invadir también Canadá. Ocupar países, matar a jefes de Estado extranjeros, derrocar gobiernos y colocarse porque sí al frente de ellos, son el pan de cada día de este niño narcisista, caprichoso y malcriado que terminará metiendo a su país en un problema serio, intentemos al menos que no nos arrastre con él.

Aunque no es consciente de ello, el presidente norteamericano es un suicida cargado de explosivos que amenaza con inmolarse si no se cumplen sus exigencias. Terminará encontrando a alguien a quien no le importe morir y aprenderá que la guerra no la pierde el que mata más sino el que aguanta más, como sucedió en Vietnam, Afganistán, Iraq, Libia o Siria.

Esperemos que Estados Unidos pueda librarse pronto de este cáncer antes de que cause la tragedia que irremediablemente provocará.


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