La total opacidad que ha rodeado la Reunión de Alto Nivel (RAN) entre España y Marruecos celebrada esta semana en La Moncloa lleva necesariamente a sospechar que nuestro presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha vuelto a hacer concesiones al vecino reino por alguna razón que sigue ocultando.
Sánchez también ha impedido que los periodistas tengan acceso a cualquier información sobre la reunión, sin ruedas de prensa, sin preguntas, sin la más mínima explicación de lo que ha entregado en esta ocasión a Marruecos. De nuevo sin informar a nadie, ni tan siquiera a los diputados de su propio partido.
Tampoco ha permitido la presencia de representación alguna, como era habitual, de Canarias, Ceuta y Melilla, a pesar de que son los territorios más afectados por un vecino que nunca se ha caracterizado por facilitar la coexistencia.
Lo poco que sabemos del secretismo con el que el Gobierno socialista trata todo lo que tenga que ver con Marruecos es que el radical y sorpresivo cambio de actitud de nuestro presidente comenzó poco después de que los marroquíes, en mayo de 2021, utilizaran el programa espía Pegasus para descargarse información del teléfono móvil de Pedro Sánchez. En marzo de 2022, de un día para otro, unilateralmente y sin informar ni consultar a nadie, Sánchez cambió radicalmente la histórica posición española sobre el Sahara Occidental asumiendo incondicionalmente los argumentos de Marruecos, dejando perplejos incluso a sus socios de Gobierno.
Desde entonces la rendición incondicional e inexplicada de Pedro Sánchez ante el Gobierno marroquí es la única constante que rige unas relaciones bilaterales que nuestro Gobierno se empeña en calificar de “excelentes” y de “estar en su mejor momento”. Efectivamente, para Rabat es así.
Y también desde entonces quedó claro que la información obtenida por los marroquíes del móvil de Sánchez debe tener tal trascendencia que ha convertido a nuestro presidente en rehén de un país extranjero. El hecho de que ni el mismo Sánchez haya dado explicación alguna al respecto, ni por supuesto haya revelado qué es lo que sabe sobre él Mohamed VI para someterlo de esa forma, confirma que nuestro presidente no actúa libremente en las decisiones que toma en relación con el vecino reino.
La opacidad que ha rodeado la RAN celebrada el pasado jueves, que fue la décimo tercera, volvió a confirmar que el Gobierno está tomando decisiones no necesariamente en beneficio de España. De hecho ni tan siquiera ha informado del contenido de los catorce acuerdos firmados, aunque no consta que se hayan tratado los problemas más importantes que hay entre ambos países: el narcotráfico y la migración irregular.
En ambos asuntos, a pesar de lo que diga Moncloa, es obvio que Rabat arrastra los pies y que los utiliza como arma contra nuestro país, mientras Sánchez y sus ministros muestran una sospechosa indolencia a la hora de tratar cualquier tema que pueda incomodar a Marruecos. El asesinato de dos guardia civiles en Barbate en febrero de 2024 a manos de un narco marroquí que huyó al país vecino es uno de los casos más sangrantes que soportó la opinión pública española.
En ese empeño del Gobierno socialista por evitar la claridad en todo lo que toca a las relaciones bilaterales con Marruecos, llama poderosamente la atención que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se empeñe en debilitar los recursos de la Guardia Civil especializados en la lucha contra el narcotráfico en el Estrecho, sobre todo los destinados a acabar con la droga que sale impunemente de Marruecos y que, en la actualidad, sigue llegando a nuestras costas con casi la misma impunidad.
A la extraña decisión del ministro de disolver, también en 2022, la unidad conocida como OCON-Sur, la más eficaz contra el tráfico de drogas en Andalucía, ha seguido la permanente negativa del Gobierno a destinar más recursos humanos y materiales a la lucha contra el narcotráfico en la zona a pesar de las constantes demandas de la Guardia Civil y ahora también de la Comisión Europea.
El resultado ha sido el lógico e inevitable: conscientes de su impunidad, los narcos se pasean tranquilamente por el litoral e incluso remontan el río Guadalquivir sabiendo que la Guardia Civil no dispone de lanchas lo suficientemente rápidas como para alcanzarlos. Además, la creciente competencia en el tráfico de drogas ha provocado un considerable aumento de la violencia armada, tanto entre narcotraficantes como contra los agentes de las Fuerzas de Seguridad.
Ante la constante opacidad de nuestro Gobierno en todo lo que afecta a las relaciones bilaterales, lo único que parece cierto es que sobre la cabeza de Pedro Sánchez pende una espada que sujeta Mohamed VI.
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