Herramientas de Accesibilidad

Skip to main content

La venganza de los enanos

Opinión

Sábado, 29 de Noviembre de 2025
Por Fernando Madariaga

Anteriormente ya dije que si lo primero que hicimos al descubrir la pólvora fue fabricar trastos para matarnos entre nosotros en vez de utilizarla para construir carreteras, ¿por qué iba a ser distinto con la inteligencia artificial (IA)?

Muchos temíamos que lo de la inteligencia artificial no iba a ser el anunciado salto tecnológico que nos conduciría a ese mundo perfecto en el que ordenadores, robots y otras máquinas trabajarían en nuestro lugar mientras los humanos pasaríamos la vida tocando el arpa recostados en una hamaca sobre el verde césped solo preocupados por decidir qué hacer con tanto tiempo libre.

Bueno, en realidad sí se está cumpliendo parte de la profecía de los incondicionales partidarios de todos estos avances tecnológicos, precisamente la que se refiere a que las máquinas trabajarán en nuestro lugar, pero no habrá arpa, ni hamaca, ni césped, aunque sí tiempo libre como desempleados víctimas de la IA. Además, parados de larga, larguísima duración, de hecho hasta la muerte porque, con una Humanidad cada vez más envejecida, ninguna persona podrá sustituir a un artefacto o a un algoritmo que no cobra, no descansa, no se pone enfermo ni reclama derechos sindicales. Un trabajador por el que no habrá que pagar impuestos ni prestaciones a la Seguridad Social.

Y no es el guion de una película distópica. Las tecnológicas han empezado a hacer caja con la IA soltando lastre con esos miles de empleados que ya son víctimas de este gran invento. Telefónica ha anunciado más de 6.000 despidos tras haber dejado sin trabajo el pasado año a otras 3.241 personas, Hewlett-Packard (HP) también enviará al paro a otras 6.000 hasta 2028, en Amazon calculan que serán unos 30.000 (el 10% de su plantilla) los que irán a la calle, Intel alrededor de 25.000 solo este año; Meta parece la más indulgente, por el momento solo han rodado 600 cabezas. Como último dato, únicamente en Estados Unidos, la IA envió al paro, solo el pasado mes de octubre, a 31.039 trabajadores.

Sin olvidar que todas estas grandes tecnológicas ya tienen enormes beneficios anuales, resulta, sino inmoral sí inapropiado, que digan la verdad a la hora de justificar todos esos despidos esgrimiendo el “ahorro de costes operativos” por la creciente implementación de esta inteligencia artificial que iba a salvar el mundo.

Y tal vez lo haga en el futuro pero, por el momento y como me temía, está sirviendo para agravar los principales problemas que ya tenemos, resultando determinante para incrementar la desigualdad, aumentar los niveles de pobreza y, en consecuencia, resultar una herramienta muy útil para concentrar cada vez más la renta en menos manos. Porque una cosa sí es segura, Telefónica, Intel, Amazon o HP no van a bajar el precio de sus productos a pesar de reducir sustancialmente esos costes de producción destruyendo vidas humanas, que es lo que se logra cuando se arroja a alguien al arcén y se le priva de toda posibilidad de volver a la carretera.

Sin embargo, dentro de mi habitual pesimismo, contemplo con esperanza que en la actual escalada militarista mundial ha comenzando la carrera para dotar a las nuevas armas con esa IA que ya permite a algunos misiles alterar su rumbo y altitud o bien operar en enjambre viajando a velocidad hipersónica, a los submarinos nucleares no tripulados a permanecer sumergidos eternamente y decidir cuándo una amenaza debe ser eliminada, igual que los nuevos cazas de combate de quinta y sexta generación. Y esto es lo que sabemos, imaginen lo que permanece en secreto.

El guion de Terminator ya no resulta tan de ciencia ficción porque es posible que en un futuro no muy lejano y a la vista de para qué la hemos utilizado, esa IA decida que el ser humano es la amenaza, el virus a extinguir.

Y, como les dije, si lo veo con cierta esperanza a pesar del previsible fatal desenlace es porque la IA impartirá en ese momento una justicia casi divina, desconocida para la Humanidad, con igualdad, imparcialidad y sin la más mínima indulgencia: nos destruirá a todos sin hacer distinciones y, por una vez, los Telefónica, HP, Amazon, Intel, fondos buitres, bancos y resto de parásitos que se enriquecen destruyendo a personas, serán destruidos al mismo tiempo que todos nosotros.

Admito que, aunque sea la venganza de los enanos, me gustaría estar aquí para verlo.


Comentarios potenciados por CComment