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Por Fin
Por Fin
Viernes, 31 de Octubre de 2025
Por Fernando Madariaga

Con motivo de cumplirse el primer aniversario de la dana de Valencia llevamos toda la semana de manifestaciones públicas de contrición y solidaridad con los familiares de las víctimas por parte de todo cargo público al que le hayan plantado un micro ante la cara.

Los grandes medios de comunicación han estado varios días machacando con las mismas imágenes, dramatizando aún más el drama en informativos que se han convertido en reality shows, con efectos especiales en los videos y hasta música ad hoc para acercar al espectador todo lo posible a una realidad virtual que dispare su empatía. Y, coronando el dramatismo, el funeral, en el que todo el mundo cumplió con su papel, de riguroso luto, rostros compungidos y bastantes caras de póker.

Quienes fueron al acto por razón de su cargo, competían en afectación, buscando el podio en el concurso de quién es el más empático con las víctimas, el que más sufre lo que no sufre. Por su parte, los familiares de los fallecidos, al igual que todos los afectados que al menos no tienen que lamentar pérdidas personales, también cumplieron su fatal rol: el de estar jodidos y el de seguir estándolo un año después.

Porque, como en tantas otras ocasiones en España ante una tragedia, el esfuerzo público comienza y acaba en fingir compromiso con los afectados por la situación, pero sin hacer nada en absoluto para evitar que vuelva a producirse.

Lo que más repitieron todos los cargos públicos que asistieron al funeral, empezando por los reyes, es aquello de “no estáis solos”. Esa frase hoy tan terriblemente vacía de significado y que es, en realidad, mofarse de todos los que de cualquier forma sufrieron la dana cuando un año después del suceso no se ha hecho absolutamente nada para evitar que la situación se repita.

Son muchos los ingenieros y otros técnicos expertos en la materia que han salido por todas las televisiones advirtiendo de que no se ha invertido un solo euro en realizar las obras necesarias para impedir que suceda otra vez. Si vuelve a llover torrencialmente en la misma zona, 228 muertos después, sucederá lo mismo y, al año siguiente, repetiremos el funeral por otros doscientos y pico fallecidos, y los mismos cargos públicos consolarán a otros familiares de las nuevas víctimas diciéndoles “no estáis solos”.

El mejor homenaje a las víctimas, y tal vez el único que realmente importa, es hacer todo lo necesario para que no se vuelva a repetir algo así, realizar el esfuerzo que no se ha realizado para restaurar la normalidad en las zonas devastadas, no rápido sino a velocidad de vértigo. El único homenaje público que importa es el que no se ha hecho. Un año después las ayudas siguen sin llegar, los pueblos continúan sacando barro y la reconstrucción la hace cada afectado como puede, si puede; ni se han iniciado las obras necesarias para impedir futuras riadas.

Mientras, Estado y Generalitat de Valencia llevan todo el año culpándose mutuamente de lo que no se hizo en su momento y de lo que se sigue sin hacer hoy. Todo para lograr perjudicar al adversario político; recíprocamente PSOE y PP se lanzan a los fallecidos a la cara como proyectiles en otra batalla que terminará, muy probablemente, con la dimisión del actual presidente autonómico, aunque los grandes derrotados seguirán siendo los que ya lo perdieron todo hace un año. Las víctimas han quedado reducidas a daño colateral del permanente enfrentamiento entre nuestros gobernantes.

Un mensaje para todas ellas, no les creáis, sí estáis solos.


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