Nuestro presidente del Gobierno parece decidido a morir matando, y aunque ya está con un pie en la calle insiste en volver a matar a Francisco Franco ahora modificando una ley orgánica solo para prohibir a los nostálgicos del caudillo.
El PSOE y sus socios de gobierno han aprobado esta semana en el Congreso una ley que permitirá disolver las "asociaciones franquistas", que entiende que son aquellas que hacen apología del franquismo, sin olvidar que la Real Academia de la Lengua define “apología” como “discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo”, mientras el texto legal aprobado introduce en la ley de asociaciones una disposición adicional que establece como motivo de disolución “la realización de actividades que constituyan apología del franquismo", ya sea "ensalzando el golpe de Estado de 1936 o la dictadura posterior", "enalteciendo" a sus dirigentes, siempre que "concurra menosprecio y humillación de la dignidad de las víctimas" del golpe de Estado, la guerra o la dictadura, o con "incitación directa o indirecta al odio o violencia contra las mismas por su condición de tales"; todo ello para cumplir con otro gran engendro legislativo de Pedro Sánchez que es la Ley de Memoria Democrática.
Como todos sabemos, la norma aprobada ahora es inconstitucional de forma manifiesta y múltiple, habida cuenta de que viola el derecho fundamental de asociación, el principio de igualdad ante la ley, el de libertad ideológica, el de expresión y el principio de legalidad en un procedimiento sancionador. Aunque también todos sabemos que, habiendo convertido el PSOE el Tribunal Constitucional en un comisariado títere del Gobierno, es muy poco probable que los magistrados que están al servicio de Pedro Sánchez nos sorprendan a todos haciendo su trabajo con decencia y profesionalidad.
Sin embargo, la parte positiva es que, como en tantas otras ocasiones nos ha pasado con este Ejecutivo, el texto legal es una chapuza que convertirá su aplicación efectiva en un tortuoso y eterno iter procesal ante la poca claridad de conceptos esenciales que admiten muchas interpretaciones.
Empecemos. ¿Qué sucederá si el discurso no es “de palabra o por escrito”, como establece la RAE? Supongamos que los franquistas asociados, constituidos en la "Ultra Band", publican en Tik Tok uno de esos breves bailes que tanto gustan a los adolescentes, ¿podrán ser disueltos por convertirse en trending topic de la apología del franquismo? ¿Qué hacemos con las canciones? ¿Qué será de los festejos municipales sin "Paquito el Chocolatero"? Ni pensar en que sucederá con cualquier asociación que quiera debatir, tratar o simplemente hablar sobre esos años de la historia de España, cuando los censores creados por la llamada Ley de Memoria Democrática detecten un mínimo atisbo de aplaudir cualquier cosa que hiciera el general Franco. ¿Serán disueltos por los antidisturbios los cuatro amigos que están en el bar comentando que 'con Franco vivíamos mejor'? Y las publicaciones en cualquier soporte que traten sobre los años de dictadura cuando estos nuevos inquisidores consideren que no son lo suficientemente críticas, ¿serán detenidos editores, realizadores, productores y hasta ayudantes de sonido por pertenencia a organización criminal? ¿Qué pasara con directores y actores de cine cuando su película contradiga el dogma?
¿Será apología elogiar o defender al general Franco o su gobierno cuando no "concurra menosprecio y humillación de la dignidad de las víctimas" del golpe, la guerra o la dictadura, y no exista "incitación directa o indirecta al odio o violencia contra las mismas por su condición de tales"?
El hecho de que Franco construyera alrededor de 4 millones de viviendas sociales entre los años 1961 y 1975 y que el parque inmobiliario público pasara de los 7,7 millones de viviendas a 14,7 millones entre 1960 y 1980, mientras el actual Gobierno solo ha logrado "movilizar", que no construir, 80.000 viviendas para alquiler social, ¿es apología de la dictadura o solo una muestra de incompetencia de los actuales gobernantes?
Dado lo mucho que se parecen en sus formas, Pedro Sánchez debería también intentar emular al dictador en las cosas que hizo bien.
Va a ser divertido ver a los tribunales intentar aplicar esta nueva majadería.
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