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Por Fin
Lunes, 7 de Junio de 2021
Por Fernando Madariaga

¡Madre mía!, menudo fraude cutre. Pedirle a Oriol Junqueras que haga pública una especie de renuncia a volver a intentar un golpe de Estado con el fin de que sirva de coartada a los indultos por la cara que prepara el presidente Pedro Sánchez para ese grupo de delincuentes, es un insulto a la inteligencia. Incluso para aquellos que están de acuerdo con esa fórmula de garantizar la impunidad a criminales que puedan resultar útiles a los intereses del Gobierno.

La verdad es que, dentro de esa dinámica y aplicando el principio jurídico de que quien es inocente para el delito más grave, lo es para el menos grave, habría que indultar a casi toda la población carcelaria española si se pretende cumplir el principio constitucional de igualdad ante la ley y de igualdad de trato ante la Justicia.

Más aún, también se podría apelar, como hizo Sánchez, a la “concordia”, y liberar a narcos porque sus productos en el mercado proporcionan gran satisfacción a los adictos y eso, seguramente, también contribuye a la “concordia”.

Incluso, puestos ya a dejar libres a golpistas, podríamos hacerlo con los etarras que cargan sobre sus espaldas con casi mil asesinatos. Al fin y al cabo lo de irles trasladando por goteo a cárceles cercanas al País Vasco y ceder competencias penitenciarias a ese Gobierno autonómico, solo oculta un torpe intento de lograr una excarcelación por la cara de aquellos a los que ahora se pretende premiar por ir arrancándoles brazos y piernas a golpe de bomba a la gente que pasaba por la calle.

De hecho, puestos a indultar, también podría Pedro Sánchez hacerlo con los que participaron en los atentados de Barcelona, y sacarlos de la cárcel el mismo día y a la misma hora en que lo hagan los golpistas catalanes, seguro que a toda la Cataluña independentista le iba a sentar estupendamente.

Por obvia, la maniobra que el Gobierno le ha pedido a Junqueras es una simple mamarrachada. Otra estupidez de un hombre extrañamente desesperado por mantenerse en la Moncloa a cualquier precio.

Es curioso, nunca he creído que lo de la Presidencia del Gobierno fuera un chollo, aunque veo en algunos expresidentes, que no en todos, una devoción casi religiosa por el poder, por seguir convencidos de que son alguien. Una adicción al atrezzo más que al fondo; al Falcon, al helicóptero, a que te abran la puerta del coche blindado, a la decimonónica pleitesía pública, más que a la infinita responsabilidad que emana del cargo.

Sinceramente, si el destino me pusiera de presidente del Gobierno de un día para otro, me acojonaría. Solo porque sería consciente de lo que España espera de mí. Por eso siempre he pensado que la ineptitud de nuestros políticos procede principalmente de su inconsciencia.


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