A estas alturas del partido solo los ucranianos tienen una oportunidad de salvar a su país. Resulta bastante evidente que somos los del lado occidental los que estamos provocando a Rusia para que se lance a una guerra en la que ya hemos dejado claro que nos vamos a limitar a mirar.
En Washington tienen ya hasta una fecha para el comienzo del ataque ruso, el miércoles. Lo que parece indicar que tanto Estados Unidos como Europa piensan seguir, al menos hasta entonces, presionando dialéctica y gestualmente al presidente ruso para forzarle a elegir la opción militar pues, de no hacerlo, transmitirá inevitablemente una imagen de debilidad que Vladimir Putin no se puede permitir.
Lo curioso es que los ucranianos nos siguen considerando aliados, cuando lo que estamos haciendo es utilizar al país, a sus ciudadanos y, sobre todo, a sus soldados como monigotes a los que vamos a lanzar de forma suicida contra un enemigo que es infinitamente más poderoso en todos los aspectos.
Si Ucrania no empieza a pensar por sí misma y para sí misma, es más que probable que miles de sus ciudadanos pierdan la vida en un conflicto que les hemos impuesto desde fuera. Y debe hacerlo ya.
El único que puede desactivar la actual situación es el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que tendría que volar a Moscú hoy mismo para reunirse con Putin y asumir el compromiso de que su país no solicitará entrar en la OTAN a cambio de garantías rusas de respeto a la soberanía nacional y algún tipo de acuerdo sobre el Donbás que satisfaga a ambo gobiernos. Una opción podría ser un modelo autonómico parecido al español.
Más aún, Zelenski hasta podría intentar negociar la situación de la península de Crimea.
Porque lo que está claro es que, de todos modos, Ucrania no va a entrar en la OTAN. Sencillamente porque nadie en la Alianza la quiere dentro, y es algo que Bruselas no ha ocultado. Guste o no a los ucranianos, el país es demasiado "rusófilo" para compartir la defensa occidental, y sus secretos.
Probablemente y salvo que el canciller alemán Scholz obre mañana un milagro en Moscú, esta sea la única posibilidad de que Kiev evite entrar en un combate en el que solo servirá como saco de boxeo para recibir palos de ambos lados.
Es verdad que también es improbable que nosotros, Occidente, los que nos creemos los buenos de esta película, permitamos a Ucrania evitar el desastre. Al fin y al cabo, la forma más rápida de reactivar las economías tras la pandemia es una buena guerra. Sobre todo cuando no somos nosotros los que morimos en ella.
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