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Lunes, 19 de Abril de 2021

El ministro José Luis Escrivá y Nadia Calviño tienen en común algo más que lo de formar parte del mismo Gobierno, ambos provocan en el ciudadano cierto afecto solidario, una especie de deseo de darle una amigable palmadita en la espalda para ayudarles, en lo posible, a sobrellevar los malos ratos que les hacen pasar.

Vicepresidenta y ministro son manifiestamente competentes, poco amigos de los teatrales aspavientos comunes entre la mayoría de sus compañeros y, ambos, tienen que tragarse lo de quedar como incompetentes porque el presidente Pedro Sánchez y sus coalicionados les obligan a presentar soluciones tan políticas como estúpidas a problemas que son, esencialmente, de números.

A Escrivá le tocó hace unos días presentar otro rocambolesco plan para salvar el quebrado sistema de pensiones en el que prometía el oro y el moro a aquellos que quisieran seguir trabajando, y cotizando, más allá de la edad de jubilación. El ministro sabe que es una chorrada pero al presidente del Gobierno le gustan las chorradas. No funcionan, pero le permiten salir en la tele a contarlo.

José Luis Escrivá sabe, aunque ya no le permitan decirlo, que para poder seguir pagando las pensiones hay pocas alternativas: o trabajamos más años, o subimos las cotizaciones o fabricamos más trabajadores.

Nos guste o no, la primera y la tercera opción son las más viables y menos dolorosas. Subir aún más las cotizaciones significaría una nueva oleada de destrucción de empleo.

Lo que resulta difícil de creer es que, ante la obviedad de que estamos en un país que envejece a marchas forzadas, los gobiernos -tanto del PSOE como del PP- hayan construido un mercado laboral que expulsa a los trabajadores a partir de los 40 ó 45 años, en el que, además, se ofrece empleo basura a los jóvenes que se incorporan al mundo laboral y en el que, para ponerle la guinda al pastel, se castiga la natalidad.

Y esto último no es solo porque la voracidad fiscal del Estado obliga a trabajar a los dos cónyuges sino que, de forma simultánea, se desincentiva la contratación de los que se plantean tener hijos a base de las llamadas medidas de conciliación que son, en realidad, una herramienta perfecta para expulsar del mercado de trabajo a la mujer que, a pesar de todo, intenta ser madre. Y por si aún queda alguna pareja tentada de crear una familia, el Gobierno convierte todo lo relacionado con los niños en un carísimo lujo solo al alcance de los más privilegiados.

Sin niños no salvaremos un sistema de pensiones que hoy se mantiene a crédito. Y sin trabajar más años no podremos dar tiempo a esas nuevas generaciones para que se incorporen al mercado laboral.

El ministro Escrivá lo sabe, pero ni Sánchez ni su ex, Pablo Iglesias, creen que trabajar más sea un buen mensaje electoral.

De nuevo, un clásico en la historia de nuestro país: competentes a las órdenes de incompetentes. Grandes vasallos al servicio de ineptos señores.

 


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Por Fin
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