Es algo que todo el mundo sabe, en la vida cosechas lo que siembras, por eso resulta un tanto teatral la indignación de la que están haciendo gala muchos países occidentales, incluyendo a España, a la hora de condenar el ataque de Hamas a Israel y la capacidad que tenemos para calificar como “terrorista” solo la violencia de aquellos con los que no comulgamos.
Es cierto que los milicianos de Hamas han cometido un acto terrorista al asesinar a civiles israelíes desarmados y no combatientes, también al secuestrarlos y pretender negociar con sus vidas a cambio de lograr objetivos políticos. La que es, en definitiva, la definición de libro del terrorismo: el empleo de la violencia para lograr objetivos políticos.
Sin embargo resulta poco reflexivo que la mayor parte de los líderes occidentales estén saliendo en la tele rasgándose las vestiduras solo porque, por una vez, David ha acertado a darle la pedrada a Goliat, mientras olvidan las decenas de operaciones israelíes en los territorios palestinos en las que, utilizando con enorme crueldad su maquinaria militar, han acabado con las vidas de miles de palestinos, milicianos y civiles, sin que esos mismos líderes occidentales indignados hayan hecho objeción alguna.
Los gobiernos israelíes, incluyendo ahora al de Netanyahu, no hablan de defenderse sino, abierta y explícitamente, de venganza. Y desde luego cumplen su palabra. Basta con ver las imágenes de cómo está quedando la ciudad de Gaza para ser consciente de que no se está discriminando a la hora de matar palestinos. No es nada nuevo, ninguna de las dos partes lo ha hecho nunca.
Y si es cierto que lo realizado por los milicianos de Hamas son actos de terrorismo, también lo es que el Gobierno israelí lleva décadas utilizando las mismas tácticas contra los palestinos, con la diferencia de que la capacidad militar de unos y otros no tiene nada que ver.
Cualquier lector puede acceder en internet al número de víctimas civiles de uno y otro lado para determinar quién está matando más y podrá concluir, si no se deja llevar por la irracional obcecación, que en la vida cosechas lo que siembras.
Por otro lado, sorprende la alarma con la que estamos actuando muchos países aliados viendo las imágenes de un aeropuerto abarrotado de extranjeros y evacuaciones que recuerdan al desastre de Kabul. Israel no es Afganistán y el Ejército israelí, como ha hecho mil veces, tiene capacidad más que suficiente para recuperar el control de la situación, como ya ha sucedido, y volver a machacar Gaza, Cisjordania y hasta el sur de Líbano de modo simultáneo sin que los turistas tengan que cambiar sus planes.
Resulta sorprendente el alarmismo occidental y las advertencias sobre una posible internacionalización del conflicto por contagio a los países vecinos, incluyendo a Irán. Hay demasiados líderes occidentales insistiendo tanto en esto que no queda claro si es simple temor o un anuncio de lo que va a suceder porque ya está todo decidido.
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