No resulta tranquilizador que sean científicos pioneros en el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) los que están advirtiendo a gobiernos y a grandes empresas acerca de los peligros de esta tecnología, en realidad sobre su mal uso, y todos recomiendan una estricta regulación legal de la misma.
Por la experiencia que arrastramos en nuestra especie casi podemos afirmar con total seguridad que volveremos a convertir un buen invento en otra herramienta valiosa para la comisión de delitos, para hacer un mundo más injusto o, como resulta habitual, para destruirnos unos a otros.
Al igual que sucedió con el descubrimiento de la pólvora, que a lo largo de la historia ha servido más para aplicaciones militares que industriales, lo de la IA apunta a que el ser humano volverá a meter la pata. Como indicio valga que ya se han detectado pruebas y trabajos universitarios que no han sido realizados por quienes los firman sino por el ChatGPT (una aplicación de IA especializada en el diálogo y en el uso del lenguaje).
Poco o nada apunta a que este nuevo avance científico servirá para mejorar el mundo, para una más justa distribución de la renta, para que las grandes empresas que gobiernan nuestros países -los gobiernos electos han quedado reducido a simples empleados de esas corporaciones- sigan enriqueciéndose pero algo menos, o que lo hagan sin necesidad de condenar a tanta gente a la pobreza. Nada apunta a que la IA no se convertirá, si no se ha convertido ya, en una valiosa herramienta de aplicación militar que permitirá destruir con mayor eficacia a quien toque y, de paso, proporcionar pingües beneficios a ese sector armamentístico que ya está haciendo su agosto con la mierda de mundo que hemos diseñado.
Es poco probable que quienes detentan el poder, tanto económico como político, utilicen esta nueva inteligencia para recuperar una democracia de verdad, lograr países menos injustos o sistemas políticos menos corruptos. En realidad, lo que sí es probable es que quienes detentan el poder utilicen la IA justamente para lo contrario.
Es cierto que esta nueva tecnología también traerá grandes avances, sin embargo el balance final anuncia que los de siempre volveremos a perder por goleada, mientras la misma oligarquía privilegiada que padecemos hoy incrementará esos privilegios parasitándolos de esa mayoría de siempre.
Todo ello gracias a una IA que, al igual que la pólvora, la democracia, el Estado de Derecho o el libre mercado, podría haber llegado a ser un gran avance si no estuviese en nuestras manos.
Aunque también puede que suceda lo que nos anticipa la ciencia-ficción, que la inteligencia artificial llegue a tal grado de desarrollo que termine comprendiendo que nosotros somos el problema del planeta y decida nuestra extinción. Sería irónico desde luego, pero hablando de tecnologías que buscan soluciones puramente lógicas, parece lo más coherente.
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