Hasta el momento, el debate electoral está marcado por la mediocridad que le imprimen sus protagonistas, razón por la que se ha convertido en una especie de mercadillo en el que los candidatos no intentan ganarse al votante sino comprarlo con dinero público.
Se suceden los mítines en los que los cabezas de lista realizan constantes anuncios de lo mucho que regalarán a los ciudadanos si resultan elegidos, aunque la mayor parte de lo que ofrecen, o es mentira por ser económicamente inviable, o peor, una estupidez.
Ambas medidas, tanto las inviables como las estúpidas, tienen el denominador común de estar pagadas con pólvora del rey, con el dinero de los asfixiantes impuestos que machacan sobre todo a los españoles económicamente más vulnerables. Nuestros políticos pretenden pagar nuestros votos con nuestro dinero.
Asustan todos ellos cuando anuncian alegremente rebajas del IVA o del Impuesto sobre la Renta, lo que implica reducir los ingresos del Estado, ignorando el impresionante e imparable nivel de endeudamiento que ya hipoteca el futuro de varias generaciones.
Preocupa la irresponsabilidad de todos ellos cuando prometen ayudas y subvenciones directas a fondo perdido a pesar de que ni tan siquiera tenemos dinero para cubrir los puestos en la sanidad pública, la Justicia o la inspección de Trabajo.
La última idiotez ha sido la de Yolanda Díaz, la “Antoñita la fantástica” de la política española, prometiendo 20.000 euros regalados a los jóvenes que cumplen 18 años, edad que curiosamente coincide con la de votar, sin aclarar cómo piensa financiarlo, porque lo que sí parece claro es que no va a sacar ese dinero de su cuenta corriente.
Y todas estas bobadas coinciden con un momento económico de subidas de tipo de interés, lo que significa un dinero más caro para los ciudadanos y, de nuevo, un panorama en el que la banca y los grandes inversores se frotan las manos conscientes de que sus beneficios aumentarán aun más rápido al precio de fabricar más pobres.
El denominador común de este elenco de mentecatos que pugnan por hacerse con el poder es que piensan hacerlo a cualquier precio, porque ese precio lo vamos a pagar los ciudadanos.
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