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Miércoles, 7 de Junio de 2023

Inevitable no recordar el aforismo latino “excusatio non petita, accusatio manifesta” -excusa no pedida, acusación manifiesta- cuando el pasado día 31, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, afirmó ante los diputados y senadores socialistas que, tras las próximas elecciones generales, le acusarán de dar un pucherazo.

Muy pocos españoles teníamos dudas, hasta ahora, sobre la eficacia, fiabilidad y transparencia de nuestro sistema electoral. Pensar en un pucherazo en España resultaba, precisamente, impensable.

Con lo del voto por correo en Melilla le vimos las orejas al lobo, con la insinuación ahora del propio presidente del Gobierno la desconfianza de muchos ciudadanos ha aumentado exponencialmente.

Sobre todo porque el Gobierno dispone de todas las herramientas necesarias para convertir en realidad el anuncio de Pedro Sánchez, que hasta se ha preocupado en colocar como director de Correos a un socialista de su confianza.

La actitud del presidente del Gobierno apunta cada vez más a la clásica trayectoria de cualquier sátrapa que habiendo alcanzado lícitamente al poder, termina asumiendo que le pertenece por derecho propio.

En esa dinámica, Pedro Sánchez ni ha llegado a plantearse por qué perdió las elecciones del 28 de mayo. Por supuesto, el sátrapa no pide disculpas ni reconoce errores, sencillamente porque no los comete.

Hasta el adelanto de elecciones tiene trampa: en la fecha que más perjudica al Partido Popular y con advertencia de pucherazo si los votantes vuelven a cometer el error de no votar "correctamente".

Para Sánchez, como para cualquier otro gobernante absolutista, el voto libre solo cabe si se le vota a él. Los ciudadanos que no lo hacen, se equivocan, por lo que es necesario corregir los errores de todos aquellos que no hacen buen uso de su libertad, y alterar los resultados electorales se convierte en inevitable.

Hasta es posible que, en su creciente arrogancia, esté convencido de que lo hace por nuestro bien, por el bien de “su” pueblo. El gobernante que tiene alma de sátrapa siempre termina apropiándose del poder, que le pertenece por derecho y, por tanto, el pueblo, despojado ya de su carácter soberano, se convierte en una propiedad patrimonial que emana de ese derecho, al igual que los siervos de la gleba pertenecían al señor feudal.

Los partidos de la oposición deberán estar muy atentos durante todo el proceso electoral que se avecina porque si algo ha demostrado Pedro Sánchez es su total carencia de escrúpulos para mantenerse en el poder, lo que hace creíble su amenaza de pucherazo.


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