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Por Fin
Jueves, 20 de Abril de 2023

El plan de Pedro Sánchez para poner en el mercado casi cien mil viviendas de carácter social en un tiempo récord ha entusiasmado a los escasos españoles que aún creen en los milagros. Sencillamente porque, como bien sabe el presidente del Gobierno, es mentira.

No obstante hay que disculpar esta veleidad del presidente si atendemos a que estamos en precampaña electoral, periodo en el que se permite a todo político que se precie mentir lo más grande sin ruborizarse.

También es cierto que el autor original de la irrealizable idea de convertir en vivienda social todo el parque que tiene la Sareb (la entidad que se quedó con todos los pisos que no quería la banca a cambio de que los impuestos de todos les pagaran a esos bancos sus platos rotos) no ha sido el PSOE sino Podemos. Los morados lo sugirieron además hace ya varios años y fue entonces el Gobierno de Sánchez el que rechazó la iniciativa que ahora propone.

Las condiciones reales en las que se encuentra ese parque inmobiliario de casi 90.000 viviendas -de las que casi 70.000 aún están por construir- no permitirá poner en circulación un número significativo de ellas ni a corto ni a medio plazo.

Por otro lado, el igualmente precipitado plan presentado por Alberto Núñez Feijóo, que también en modo electoral tiene activado el sistema de respuesta automática a cualquier cosa que digan o hagan los socialistas, es algo menos inviable aunque tampoco soluciona, ni lo pretende, el problema real de vivienda que tiene nuestro país.

La realidad es que no existe una fórmula mágica que pueda hacerlo y, desde luego, intervenir los precios de los alquileres es la menos adecuada para lograrlo.

Austria, un país con un legendario parque social de vivienda pública con precios limitados que es la envidia de toda Europa -solo en Viena hay más de 220.000 de titularidad municipal-, ha necesitado más de un siglo para formar ese parque inmobiliario.

De este modo podemos hacernos una idea de lo estúpido que resulta creerse las ocurrencias de nuestros políticos al respecto.

Quizá, lo único coherente de todo este debate sea la propuesta realizada hace un par de días por Feijóo, de un pacto de Estado sobre la vivienda entre los partidos, si es posible de todos los partidos con representación parlamentaria, no solo PSOE y PP.

Solo el compromiso de apartar el problema de la vivienda del debate político y electoral para siempre, la formación consensuada de un grupo de expertos en la materia que se ponga a elucubrar un proyecto para crear ese parque inmobiliario público que no tenemos, una ingente cantidad de dinero y varias décadas, muchas, de tiempo, permitirán en un futuro lejano que el derecho constitucional a una vivienda digna se convierta en una realidad sin destruir,de paso, un mercado inmobiliario especulativo que, nos guste o no, produce riqueza.


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