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Por Fin
Martes, 10 de Mayo de 2022

Dicen que el objetivo de lo secesionistas catalanes, del brazo político de ETA y de muchos socialistas es acabar con la ministra de Defensa, Margarita Robles, y tras lo sucedido hoy es muy probable que sea buena idea que Robles se vaya a casa dada la facilidad mostrada por la ministra para abandonar a sus soldados tras la líneas enemigas.

Si algo ha demostrado el cese, que no “sustitución”, de la actual directora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Paz Esteban, es la ínfima calaña de nuestro Gobierno.

El presidente Pedro Sánchez es el menos culpable, despreciable pero menos culpable, por cuanto todos somos conscientes de que este sujeto vendería a su madre por mantenerse en La Moncloa. Su facilidad para traicionar a sus funcionarios y a sus colaboradores no ha sorprendido. Es más, habría sorprendido lo contrario, ver en él un atisbo de nobleza y gallardía, por no decirlo de un modo más vulgar.

Harina de otro costal es la cobardía demostrada por la ministra de Defensa, Margarita Robles, a la hora de abandonar en territorio enemigo a uno de sus soldados.

Infame su actuación hoy durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, donde ha repetido hasta la saciedad las mismas sandeces sobre lo bien que hace su trabajo el CNI a la vez que arrojaba a los pies de los caballos a la directora del Centro.

La debilidad de Pedro Sánchez a la hora de ceder a las exigencias de partidos inconstitucionales que pretenden acabar con la España elegida por una inmensa mayoría de los españoles, comienza a bordear la delgada línea roja de la traición, pero la cobardía mostrada hoy por Margarita Robles a la hora de abandonar a uno de sus soldados tras las líneas enemigas para salvar su propio culo será recordada mucho más tiempo que el desleal oportunismo del presidente del Gobierno.

A ninguno de los dos le ha importado un rábano el difícilmente cuantificable daño que la deleznable actuación de ambos ha causado a la seguridad nacional, a la confianza de nuestros aliados hacia nuestros servicios de inteligencia y, sobre todo, a todos esos hombres y mujeres del CNI que se juegan la vida para que el resto conservemos la nuestra.

Ahora mismo, cualquier operativo de la inteligencia española solo puede preguntarse una cosa: si sacrifican a la directora por hacer lo que le ordenaron, ¿qué no estarán dispuestos a hacer con un simple agente operativo?

Nunca tan buenos vasallos merecieron tan infames señores.


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