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Por Fin
Domingo, 13 de Febrero de 2022

Interesante ver como 600.000 firmas de ciudadanos cabreados son capaces de remover la inexistente moralidad de la banca española. También es interesante, y hasta gratificante, apreciar que el poder se sigue asustando cuando los que somos plebe, animados por el hartazgo ante los abusos y los excesos, amenazamos con asaltar el palacio de invierno.

Porque ha sido en realidad el miedo, que no la decencia, lo que ha obligado a la banca española a ceder algo ante el jubilado San Juan y su caja de cartón con 600.000 españoles dentro, clientes de esos mismos bancos que han empezado a señalar la línea que no piensan cruzar frente a los abusos de las poderosas entidades bancarias.

Incluso las administraciones públicas, las mismas que servilmente han dado carta blanca durante décadas a los crecientes excesos de esas poderosas entidades financieras, ahora se suman a la corriente de apoyar medidas contra la exclusión bancaria de los mayores. Hasta algunos ayuntamientos, incluido el de esta ciudad, han hecho un paripé para transmitir que les preocupa un problema que ha sido creado, precisamente, gracias a que esos mismos políticos han permitido que el poder del dinero infecte a los poderes públicos.

Sin embargo, nosotros, la plebe, no debemos hacernos ilusiones. Las medidas que están tomando bancos y administraciones para acabar con el problema son meramente cosméticas y, de una forma u otra, las tendremos que financiar los parasitados clientes de esas mismas entidades. Tal vez los bancos se saquen de la manga la enésima comisión impuesta unilateralmente violando el contrato firmado con el cliente, o tal vez suban alguna ya existente.

Eso para aquellas entidades que opten por ampliar el horario para atender a su maltratada clientela, porque lo de poner más cajeros automáticos con el fin de que esos mismos jubilados tengan más oportunidades para no saber qué hacer con ellos, es una auténtica mamarrachada.

Sobre todo atendiendo a que la exclusión financiera no solo afecta a la tercera edad, sino también al creciente número de españoles que sigue cayendo bajo los umbrales de la pobreza, tanto relativa como absoluta, y es expulsado del sistema financiero precisamente por no tratarse de un cliente rentable.

De no ser por el problema que supone para muchos ciudadanos no poder acceder a su dinero o no disponer de una cuenta bancaria, el asunto tendría hasta su tinte cómico, porque una de las estúpidas iniciativas ofrecidas por entidades y administraciones es dar cursos a los mayores para que aprendan a utilizar internet, cursos que incluso podrían ser online.

Eso para personas que, precisamente, no saben usar internet. La estupidez es de premio.


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