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Por Fin
Por Fin
Domingo, 9 de Enero de 2022

Hay que reconocer que el don de la oportunidad no se encuentra entre las muchas virtudes que sin duda debe tener el ministro de Consumo, Alberto Garzón, que parece empeñado en acabar con lo poco que queda en pie de la economía nacional.

A sus desacertadas declaraciones sobre el turismo como actividad económica de escaso valor añadido, algo que es objetivamente cierto en la Ciencia Económica aunque no por ello es necesario restregárselo por los morros al sector, se suma la última metedura de pata sobre las carnes españolas, cuya calidad ha cuestionado en una entrevista concedida a un conocido rotativo británico.

Evidentemente, de ser este un país serio, que no lo es, con un Gobierno serio, que tampoco, el ministro habría durado en el sillón lo justo para permitir al presidente acercarse al ministerio y ponerlo en la calle de una patada en el culo.

La debilidad de un Pedro Sánchez rehenizado por esos partidos minoritarios, le ha llevado de nuevo a que sea su trasero el pateable por parte de otro ministro de Izquierda Unida.

La coartada esgrimida desde el Gobierno para justificar las declaraciones de Garzón en esa entrevista, asegurando que solo reflejaban su opinión personal y no la postura del Ejecutivo es tan estúpida que no merece comentario.

Lo curioso es que los socios minoritarios de Gobierno mantienen una actitud infantil en la que parecen disfrutar sometiendo al PSOE a constantes pulsos de poder; retos en los que los diferentes ministros podemitas y comunistas, más los socios secesionistas y filoterroristas, actúan permanentemente con el dedo índice levantado, advirtiendo a los socialistas de que pueden hacer caer el Gobierno en cualquier momento y por cualquier rabieta caprichosa.

El resultado inevitable de tanta debilidad es el actual caos de gestión del Ejecutivo, que nada más comenzar el año se ha reflejado en un aumento de la presión fiscal utilizando los impuestos que más castigan a las economías vulnerables en un intento de cuadrar unos presupuestos recién aprobados que han nacido muertos.

Y las salidas de tono de los ministros díscolos que quieren fingir progresía pero disfrutando de los privilegios del poder, como esta última de Garzón o la anterior de Yolanda Díaz con la “derogación no derogada” de la reforma laboral, recuerdan solo a pataletas infantiles en las que el hijo único quiere cerciorarse de que sigue siendo el rey de la casa.

De hecho, las críticas del ministro a la carne española no se ha traducido en ninguna medida concreta que nos lleve a alimentarnos de otra forma y solo ha servido para perjudicar a la economía nacional y provocar un monumental cabreo de los ganaderos.

Lástima que Garzón no ponga el mismo empeño en defender a los consumidores frente a los abusos de las eléctricas, de la banca, de los operadores de telefonía o de todos esos sectores públicos privatizados desde el poder en beneficio de grandes empresas que luego llenan de exministros sus consejos de administración.


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