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Por Fin
Por Fin
Domingo, 26 de Diciembre de 2021

Como todos los años, lo del Mensaje de Navidad del rey provoca reacciones tan encontradas como sobre actuadas mientras, en realidad, los vulgares mortales que no somos profesionales del oportunismo político sabemos que, simplemente, el monarca ha tuneado el vacuo discurso del año anterior.

Quizá lo único que vale la pena destacar del reiterativo y regio mensaje navideño es lo que ha dicho un representante de alguno de los partidos secesionistas que apoyan al gobierno de Pedro Sánchez, cuando advirtió de que el rey Felipe parecía estar dando lecciones de moralina a los demás, algo que resulta inapropiado después todo lo que ha llovido.

Y aunque sea excepcional para este medio, lo cierto es que, en esta ocasión, compartimos más coincidencias con las opiniones de los partidos “inconstitucionalistas” que con los constitucionalistas.

Los primeros coincidieron en la irrelevancia de las palabras del rey, mientras que los segundos volvían a sucumbir a una especie de éxtasis casi sexual cuando hacían estúpidas reflexiones sobre el contenido de un mensaje que no tenía contenido, y aplaudían con entusiasmo norcoreano las chorradas y obviedades que repiten monarcas que parecen detentar la jefatura del Estado en Disneylandia y no en España.

Lamentablemente, tampoco los españoles esperábamos más que lo mismo de todos los años: las reiteraciones sobre las excelencias de la democracia que no tenemos y de los derechos y libertades que no disfrutamos.

De nuevo, el rey de turno, y da igual el nombre o los números romanos que lleve añadidos, se negó a hablar del país en el que vive como un rey, de cómo la corrupción endémica de nuestro sistema político y económico está devorando el menguante bienestar de la mayor parte de la población del país, empobreciéndola sin piedad y lanzando a cada vez más ciudadanos a los márgenes de la sociedad.

Nada sobre los excesos de las grandes empresas energéticas del IBEX que estrujan a la poca clase media que queda en España, conscientes de que la impunidad de sus excesos está garantizada por las contrataciones de ex altos cargos en sus consejos de administración. Nada sobre esa banca que sigue disfrutando de la “barra libre” del Banco Central Europeo mientras ahogan a sus clientes económicamente más vulnerables con comisiones que se van inventando sobre la marcha. Ni una palabra, ni una recriminación, a un Gobierno nacional sostenido por partidos cuyo objetivo declarado es destruir esa nación. Nada sobre el lamentable espectáculo que ofrece su padre y sin aclarar si los españoles también nos vamos a tener que tragar su regreso a España con sueldo con cargo a nuestros impuestos y, por supuesto, sin pisar un juzgado. Aún menos una cárcel.

Todo ello mientras nos daba lecciones sobre la honestidad, la transparencia y el cumplimiento del deber. Lo que hay que ver.

En resumen, que el tradicional mensaje navideño sigue fiel a la tradición: irrelevante.

Como cada año, este reiterativo episodio trae a la memoria de muchos españoles el verso del Cantar de Mío Cid que decía "qué buen vasallo sería si tuviese buen señor".


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