Como estaba previsto, el proyecto de Presupuestos Generales para 2022 superó ayer en el Congreso el primer obstáculo con el rechazo de todas las enmiendas a la totalidad presentadas por la oposición, a pesar de que el propio Gobierno es consciente de que las cuentas no salen.
Tal vez, por una vez, Pablo Casado acertó recientemente al hacer una reflexión lógica y afirmar que presentar unos Presupuestos tan incoherentes solo puede obedecer al hecho de que el presidente Sánchez no piensa presentarse a la reelección, y sabe que puede terminar la legislatura prorrogando los de 2022, a pesar del inevitable perjuicio que la ejecución de esas cuentas va a provocar a la economía nacional.
Otra cosa cierta y técnicamente verificable que dijo Casado -dos en la misma semana; está que se sale- fue que la economía española está en quiebra. Cierto. Si pensamos nada más en que debemos a los especuladores un importe que es ya del 125% del PIB o en la situación de quiebra técnica de la Seguridad Social y del sistema de pensiones, hablar solo de “quiebra” nacional es quedarse bastante cortos.
También es verdad, no obstante, que ya estábamos en quiebra con Rajoy y que han sido los gobiernos del PP los que con más alegría han endeudado a la economía nacional. No ha sido el PSOE el que se ha comido la hucha de las pensiones.
No obstante, esto no justifica el hecho de que el proyecto de Presupuestos 2022 no está confeccionado pensando en el estado de la economía nacional, ni en la realidad de los ciudadanos, sino que ha sido diseñado como una herramienta para que los partidos políticos gobernantes y este presidente puedan subsistir en el poder un par de años más.
Es de dominio público que España está siendo gobernada como un zoco moruno, donde todo se negocia y trapichea con los dueños de los otros tenderetes. Lo que ha dado lugar a la actual y paradójica situación de que los partidos más irrelevantes y contrarios al concepto de España sean, en realidad, los que gobiernan.
Secesionistas catalanes y vascos se lo dejaron muy claro ayer a la ministra Montero: el Gobierno tendrá que entregar mucho más si quiere que sus cuentas sean aprobadas. Y lo exigen con arrogancia, como hizo Bildu, cuyo representante reconoció que su formación es “insaciable”. No debe extrañarnos si, al final, los presos de ETA terminan saliendo de las cárceles, les ponemos un piso de protección oficial y les indemnizamos por el gasto realizado en la munición utilizada para asesinar a sus víctimas. Con la catadura de nuestra clase gobernante, cualquier cosa es posible.
Todo ello no quita el hecho objetivo y verificable de que el proyecto de cuentas presentado ayer por la ministra de Hacienda en el Congreso, como ella bien sabe, no cuadra.
Las previsiones de ingreso son un disparate, como ya le han advertido todas las instituciones públicas de control financiero; las de crecimiento son de ciencia ficción, como ya demuestran los datos a día de hoy y, aunque estos Presupuestos ya prevén un importante aumento de la presión fiscal sobre las clases medias para superar el descuadre, no será suficiente.
El reciente aumento de la cuota a los autónomos, que son el principal componente de esa menguante clase media española, deja bien claro que la factura del secesionismo catalán y vasco la vamos a pagar el resto de los españoles.
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