Herramientas de Accesibilidad

Skip to main content
Miércoles, 23 de Octubre de 2024
Por Fernando Madariaga

Crecer no es suficiente. A pesar de que las previsiones hechas públicas ayer por el Fondo Monterio Internacional (FMI) sobre el crecimiento de la economía española apuntan a un aumento de 5 décimas del Producto Interior Bruto (PIB) hasta alcanzar el 2,9%, la realidad económica y social del país demuestra que importa no solo que se crezca sino también cómo se crece.

Obviamente el dato ha provocado el natural derroche de "autohalagos" de nuestro Gobierno que, por supuesto, relaciona ese crecimiento con la brillante gestión de un Ejecutivo que no tiene interés en recordar que en esa “gran economía” a la que ayer se refirió el ministro del ramo, Carlos Cuerpo, el índice de pobreza entre los ciudadanos crece más deprisa que el PIB, lo que no parece obligar al ministro a preguntarse qué estamos haciendo mal.

Evidentemente, en este Gobierno, la reflexión crítica no existe, salvo que quieras terminar en el Grupo Mixto junto a Ábalos. Como en cualquier otro régimen unipersonal, en el de Pedro Sánchez la disensión no cabe, la duda en la grandeza del liderazgo, tampoco.

La realidad es que el FMI no es un organismo auditor internacional, ni trabaja para aportar datos macroeconómicos que permitan a los gobernantes nacionales tomar las decisiones económicas más adecuadas. El Fondo no es más que eso, otro fondo buitre aunque pagado por los mismos ciudadanos de cuya debilidad se aprovecha.

El FMI trabaja para el reducido y cada vez más rico gran capital. El objetivo de sus previsiones es cuidar el dinero de ese 1% de la población mundial que acumula más riqueza que el 95% restante y hacerlo aún más rico aconsejando en sus previsiones qué países son aún esquilmables y señalar a los que hay que dejar hundirse. Argentinos, griegos y nacionales de otros muchos Estados que no están en el “top ten” del desarrollo conocen el amargo sabor que deja la condena del Fondo a una economía nacional.

Mientras hay beneficios, esta institución jamás ha cuestionado de qué forma y a qué precio se crece. Cuando la previsión de crecimiento de cualquier economía apunta a una desaceleración o incluso a una recesión, el Fondo castiga a esa economía herida cerrándole la puerta del crédito internacional, ejerciendo así su labor de protector de esa gran masa de capital y ofrece a esos gobiernos que las están pasando canutas una doble alternativa: someter a la población a más restricciones y a una mayor presión fiscal hasta retornar a la senda que permita a los que más tienen seguir acumulando más, o el cierre de cualquier posibilidad de acceder a crédito condenando al herido a la muerte.

Cuando el Fondo accede a abrir el crédito a algún país necesitado lo hace en unas condiciones de usura que muestran su auténtica cara, la del fondo buitre, el aniquilador que realmente es.

El FMI no repara en cuánta gente es empujada a la pobreza para lograr ese ficticio “crecimiento” que, al igual que el anunciado ayer para España, solo mide el beneficio de los que más se benefician.

La realidad de la economía española no se conoce midiendo cuánto más gana ese 1% que más tiene, sino viendo cómo evolucionan los índices de pobreza, tanto relativa como absoluta, entre el 99% restante.

Esa es la interpretación correcta de la previsión que ayer realizó esta institución internacional que debería ser disuelta por la inmoral e indecente naturaleza de sus fines.


Comentarios potenciados por CComment