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Sábado, 19 de Agosto de 2023
Por Fernando Madariaga

La clase política española continúa reduciendo la importancia de las leyes a base de interpretarlas a la conveniencia de cada partido o, directamente, de no cumplirlas. El esperpento que en estos días nos están mostrando nuestros políticos para formar gobierno es buena muestra de ello.

El PSOE, que ha perdido las elecciones, ha reinterpretado el concepto de democracia en beneficio de su resultado electoral y entiende que ahora debe gobernar, no el más votado, sino el que más apoyos parlamentarios reúna. Ello a pesar de que el resultado final sea justamente el opuesto al perseguido por ese sistema democrático del que tanto hablan nuestros políticos y que cada vez respetan menos.

El presidente en funciones, Pedro Sánchez, consumado trilero en la materia, logra al final que los partidos con menos representación ciudadana sean los que decidan quien gobierna en un vergonzoso proceso de mercadeo de la soberanía nacional y de la legalidad realizado a espaldas de los ciudadanos, en otro concepto también redefinido de forma interesada pues ya no es “ocultar” sino “ser discreto”.

Es posible que por eso nuestros políticos eviten hablar de corrupción, de la propia no de la del otro, porque supongo que para estos oligarcas chusqueros, el ladrón no roba sino que coge lo ajeno.

Y en otro episodio del proceso de “desconstitucionalización” de nuestro sistema político, se somete al jefe del Estado a la misión imposible de proponer a un candidato a la Presidencia del Gobierno cuando ni tan siquiera los interesados son capaces de ponerse de acuerdo sobre lo que se debe hacer en una democracia seria. Estamos a salvo, porque la nuestra no lo es.

Y para reducir más el valor de la Constitución retorciendo su interpretación o incumpliéndola abiertamente, esa misma clase política no solo permite la existencia de partidos políticos que son manifiestamente ilegales por su evidente y reconocido incumplimiento de nuestra máxima norma, sino que, además, el actual presidente pretende contar con su apoyo para perpetuarse en el cargo. Y para hacerlo parece dispuesto a incumplir más esa misma Constitución que todos prometen cumplir y hacer cumplir, realizando concesiones que son también manifiestamente inconstitucionales.

Al referirse a los partidos políticos, el artículo 6 de la Constitución dice que "su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley", lo que significa que los partidos secesionistas son incostitucionales por no respetar un buen puñado de principios constitucionales, desde el de territorialidad al de la Jefatura del Estado.

Lo que también significa que la legitimidad de un Gobierno que se apoya en formaciones inconstitucionales es manifiestamente cuestionable.

En democracias mucho más avanzadas que la nuestra, cuando se produce una situación similar a que tenemos hoy en España, lo partidos más votados, aun siendo adversarios políticos, forman coaliciones de gobierno porque sus líderes sí tienen la responsabilidad suficiente para saber que están condenados a entenderse durante esa legislatura en beneficio de los ciudadanos y de su país.

¿Qué hemos hecho los españoles tan mal como para no merecernos políticos así?


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