Herramientas de Accesibilidad

Skip to main content
Lunes, 4 de Septiembre de 2023
Por Fernando Madariaga

No entiendo nada de fútbol, nunca me ha interesado y aún menos ahora, cuando lo veo convertido en un instrumento de manipulación de masas que, desde mi punto de vista, embrutece y aborrega. Quizá por esas razones aún entiendo menos lo que está pasando con la chorrada del beso del presidente de la federación de este deporte a una jugadora de la Selección.

Consciente de mi ignorancia en esta disciplina deportiva, no he querido pronunciarme hasta que mis amigos futboleros me han explicado algo de cómo funciona el entramado -término que se adapta perfectamente a la realidad- administrativo del fútbol y de quién es el presidente deportivo que ahora está en la picota, Luis Rubiales.

Como otros muchos españoles que no se atreven a abrir la boca por miedo a que estos nuevos inquisidores les practiquen un auto de fe de corrección política, no entiendo la trascendencia del beso, sea o no consentido, a pesar de que los periodistas de los medios públicos insisten en calificarlo como “no consentido” sin demostrarlo; no entiendo que las jóvenes que juegan en la Selección de fútbol no sean conscientes de cómo están siendo instrumentalizadas por el Gobierno y especialmente por los ministerios “podemitas”, que ven en una simple grosería motivo para otra cruzada que siga justificando el malgastar dinero público para incentivar este falso yihadismo feminista.

No entiendo que este señor Rubiales arrastre desde hace años un montón de polémicas y denuncias por presunta corrupción y malversación del dinero de la federación que preside, sin que haya respondido por nada, y que ahora el Gobierno esté haciendo lo imposible para que sea fusilado al amanecer acusado de ser un gañán y un grosero, por el beso. Aunque fue mucho peor lo del gesto en el palco.

El mensaje que transmite la actitud del Gobierno de Pedro Sánchez es que lo de la corrupción se consiente, pero lo del papel de machito ante las cámaras, imperdonable. Es un mensaje coherente con la catadura de nuestra clase política.

Los españoles nos conocemos ya lo de utilizar una estupidez como esta para que todos miremos al tendido mientras la vicepresidenta del Gobierno se va a Bruselas en nombre de Pedro Sánchez para mercadear con un delincuente el futuro de España. La verdad es que, como ya le hemos visto los hilos a la marioneta, se pueden ahorrar el paripé de la corrección política y el coñazo que están dando en la tele con el tema.

Por otro lado y con mis nulos conocimientos sobre fútbol, siempre he tenido la impresión de que lo del fútbol femenino es otro objetivo político del equivocado concepto de igualdad de este Ejecutivo que se cree "progresista". Y tengo la impresión de que esas chicas están siendo engañadas a golpe de subvenciones públicas y de presiones oficiales a empresas del Ibex cercanas a la clase política para que patrocinen una aventura a pérdidas.

Y los que entienden de este deporte me dicen que en fútbol no te pagan por el sexo que tengas sino por los beneficios que produces, y que por eso Messi es Messi y Cristiano Ronaldo, Cristiano Ronaldo. De ahí que me parezca un objetivo artificial convertir el fútbol femenino en lo que no es y en lo que jamás será por mucho dinero público que el Gobierno inyecte o por muchos decretos leyes de igualdad artificial que aprueben.

En una película de los años ochenta una secretaria le decía a una compañera que pretendía hacerse pasar por una gran ejecutiva que "a veces bailo en ropa interior en el salón de mi casa, pero tengo claro que jamás seré Madonna". Quizá las jugadoras de la Selección deberían ver esa peli.


Comentarios potenciados por CComment