Alguna vez he comentado que nunca he olvidado lo que leí en los años ochenta en un letrero que colgaba en la pared del despacho de un desatacado líder político nacional: “Muéstrame a un político que diga la verdad y te mostraré a alguien que no quiere ser elegido”. Una máxima que tuneé hace unos años adaptándola al endémico problema de la sostenibilidad de las pensiones.
“Muéstrame a un político que le cuente a la gente la verdad sobre el futuro de las pensiones y te mostraré a un político sin futuro”.
Porque el futuro del sistema de pensiones, como bien saben todos los que saben algo del tema, es que no tiene futuro.
El sistema español de pensiones está quebrado y, obviamente, es insostenible a pesar de que ningún político va a reconocerlo jamás mientras gobierne. Decirle a 9 millones de pensionistas con derecho a voto que no es seguro cuánto tiempo más podrán pagarse esas pensiones, no es una buena fórmula para resultar elegido
Aunque lo positivo del asunto es que solucionar la insolvencia del sistema no precisa de complejas fórmulas de ingeniería financiera, pues las soluciones son tan limitadas como obvias, además de complementarias.
Trabajar más años a la vez que se toman medidas públicas, muchas, para aumentar rápidamente el crecimiento demográfico, es la única forma de dotar al sistema de los ingresos suficientes para convertirlo en viable en un futuro.
Y se trata de un futuro a décadas vista, porque un niño no nace y se convierte en sujeto fiscal en un rato. Rejuvenecer nuestra sociedad requerirá más de 20 años, mientras tanto, los mayores tendremos que trabajar más tiempo o cotizar más para sortear la actual quiebra técnica. Al menos en aquellos empleos en los que sea posible, una cosa es trabajar en un despacho y otra hacerlo en una mina o en una obra.
A la vez, el Estado deberá estructurar medidas económicas y fiscales para que lo de tener hijos no sea como los coches Tesla, un lujo al alcance solo de una minoría privilegiada.
La línea oficial actual de subvencionar que las madres dejen a los niños de madrugada desde los cero años en un aparcamiento-guardería para que nada coarte el desarrollo de su vida profesional es un error de libro de texto y no tiene nada que ver con la igualdad de género ni con el feminismo, tal y como pretende transmitir el progresismo cateto que se ha instalado en el Gobierno.
Esos mismos gobernantes, da igual de qué signo político sean, solo tienen que hacerse un planteamiento, descarnado pero matemáticamente cierto: la mujer madre puede "producir" varios sujetos fiscales que, como trabajadores, sumarán en el futuro muchos más ingresos para el erario público. Mientras esa misma madre, considerada únicamente como sujeto fiscal individual, sigue envejeciendo cada día en una sociedad donde el número de personas mayores supera con creces el número de nacimientos.
El papel del padre, por mucho que esa artificial progresía pretenda igualarlo al de la madre, no es ni lejanamente tan relevante en los primeros años de vida de los hijos. Eso pasa en todas las especies, quizá sea porque la naturaleza no es "progre".
Como bien saben todos los políticos que han gobernado y los que gobernarán, sortear la insolvencia del sistema de pensiones a base de créditos o de trasferencias es inviable y solo aparca el problema para que lo resuelva el siguiente que llegue.
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