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Lunes, 10 de Julio de 2023
Por Fernando Madariaga

La izquierda autocalificada como “progresista”, especialmente el PSOE y Sumar, sigue empeñada en no aprender de sus errores y continua haciéndole la campaña electoral a Vox a base de dirigir constantes descalificaciones al partido de Abascal y de insultar a sus más de 3,6 millones de votantes (elecciones generales 2019).

Cada vez que sale en la tele alguno de nuestros lamentables políticos calificando a esos votantes de “radicales”, “fascistas”, “intolerantes” o “ultras” la caja registradora de votos de Vox sigue sumando electores. Más aún cuando la estrategia socialista de señalar con el dedo al Partido Popular para evitar que cierra pactos de gobierno con los “radicales” está produciendo justamente el efecto contrario, el de radicalizar, ahora de verdad, a cada vez más votantes conservadores.

Una respuesta normal de unos españoles que se sienten ofendidos cuando les califica como “ultras” el mismo gobierno que, para permanecer en el poder, ha vendido soberanía e integridad territorial a delincuentes secesionistas y a un partido que aplaude el terrorismo.

Eso sí que merece el adjetivo de “radical”.

Y un error aún más lamentable es el de que desde la izquierda nadie haya hecho una reflexión seria y coherente de por qué los “ultras” están surgiendo como setas tras la lluvia. Pedro Sánchez, incapaz de asumir que las pasadas municipales no las ganó el PP sino que las perdió personalmente él, ha sacado la conclusión de que la culpa es de esos ciudadanos díscolos: no saben votar bien. Supongo que por eso el presidente comentó que le iban a acusar de “pucherazo” tras el 23J. Si la gente no sabe votar, habrá que hacerlo por ella.

Por supuesto ni un ápice de asunción de responsabilidades, porque desde el gobierno “progresista” de izquierdas todo se ha hecho bien y en beneficio de un ciudadano que, además de no saber votar, es un desagradecido.

Tras las municipales de mayo, nuestro soberbio presidente del Gobierno parecía casi ofendido por la decisión ciudadana. En ningún momento ha reconocido que él mismo, su incompetencia y las sucesivas meteduras de pata de sus socios de gobierno son los padres de Vox.

Cada vez son más los españoles que no le perdonan el haber gobernado gracias al apoyo de los que aplauden a ETA, también de la mano de los carísimos secesionistas catalanes, que se olvidan del independentismo cada vez que el gobierno les suelta pasta o competencias. No le perdonan las sucesivas cagadas legislativas que tuvieron su cenit en las rebajas de condenas y excarcelaciones de delincuentes sexuales gracias a la ley de la inepta ministra Irene Montero. Tampoco olvidan el papelón con Marruecos, en un episodio que debería haber sometido a Pedro Sánchez a una investigación para determinar si el presidente del Gobierno estaba actuando bajo coacción.

La mayor parte de esos "fachas" no han votado a Vox o al PP, han votado contra la arrogante incompetencia de ese "progresismo" que quiere imponer su verdad como un dogma religioso y que utiliza las leyes para reprimir cualquier disidencia, haciendo gala del radicalismo que solo ve en otros.


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