Es cierta la exultante afirmación del presidente del Gobierno de que la economía española "va como una moto", pero también lo es la opinión contraria del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. Los indicadores macroeconómicos apuntan a que crecemos, el problema es cómo crecemos y a qué precio.
Cuando Sánchez exhibe los datos de aumento del número de empleos y el descenso de la temporalidad, se salta la letra pequeña, la de la realidad social que muestra empleos malos, mal pagados y en los que, gracias a otro truco de trilero legislativo, se le cambia el nombre a los contratos para que la precariedad se convierta en indefinida.
El que cada vez más gente llegue a final de mes con el agua al cuello es más que un indicio de que la pobreza sigue aumentando en ese “país de las maravillas” en el que solo parecen vivir los socialistas, Yolanda Díaz y, por supuesto, los grandes de la patronal.
La verdad es que, como decía recientemente el Nobel de Economía David Card en una entrevista, es un contrasentido que muchos empresarios se quejen de que no encuentran trabajadores, cosa que sucede en España en sectores como la construcción y los servicios, y luego también se quejen cuando aumenta unos euros el salario mínimo.
En conversaciones de barra de bar todos hemos oído alguna vez la afirmación de que el problema es que hay mucha gente que no quiere trabajar y que se contenta con sobrevivir de prestaciones públicas. La realidad de los datos indica que, en la mayor parte de los casos, esto no es verdad, y que el problema está en que muchos de los empleos que se ofertan son una mierda.
Si a esto le sumamos que en este Wonderland de Sánchez, las grandes empresas y los fondos de inversión han descubierto que se puede ganar más dinero haciendo pasar hambre a la gente especulando con el precio de los alimentos, que la vivienda es otro activo útil para exprimir económicamente a quienes intenten acceder a un derecho constitucional que sigue sin serlo, o que la factura de una inflación creada por los mismos que se están enriqueciendo a manos llenas, se puede cargar sobre los económicamente más vulnerables, tendremos el marco que explica por qué la economía española va “como una moto”.
Es porque va atropellando en su alocada carrera a los ciudadanos menos afortunados. Un número que es mayoritario y que no deja de crecer.
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