Estados Unidos está volviendo a cometer los mismos errores estratégicos que en el caso de Afganistán, Irak o Siria y está ahora tratando de repetir en Ucrania, Taiwán, Corea del Norte o Irán esa política de pegarle un par de patadas al avispero para ver si las avispas empiezan a picar a la reina hasta terminar matándola u obligarla a huir. Ya nos ha salido mal antes, y volverá a salirnos mal.
Es cierto que estamos en el momento mediático en que lo fashion es la solidaridad con Ucrania, y todos tenemos que estar en el mismo empeño a riesgo de terminar siendo víctimas de otro auto de fe de los “grandes demócratas” si nos atrevemos a cuestionar alguno de los dogmas occidentales. No obstante, para afrontar con un mínimo de seriedad un problema tenemos que aceptar premisas objetivamente ciertas para componer un silogismo que no termine en un sofisma.
Por ello, conviene admitir que, aunque Putin ha invadido ilegalmente al país vecino, no es menos cierto que llevamos desde 2004 pinchando a Moscú, cuando los servicios de inteligencia occidentales, con la CIA a la cabeza, comenzaron a alimentar la llamada “revolución naranja” que terminó atrayendo a Ucrania a un deseo de occidentalización que Rusia no podía permitir con su flota del Mar Negro basada en Crimea y con el resto de los condicionamientos estratégicos.
No voy a entrar ahora en lo que hoy todos sabemos sobre el resultado de esa jugada, que no estuvo mal si atendemos a meteduras de pata como las de Afganistán, Irak o Siria. Repetir ahora el esquema con Irán, avivando la llama de la rebelión aprovechando la muerte accidental -como se ve en el video, la joven murió de un infarto y no víctima de torturas- de esa chica kurda a manos de la policía religiosa iraní, que es sin duda una buena estrategia para erosionar al régimen de los ayatolláhs y forzarles a mirar de nuevo a la necesidad de firmar el acuerdo sobre su programa nuclear, no será un plan útil si Estados Unidos no tiene claro qué pretende hacer con el país si logra derribar al régimen.
Es obvio que Joe Biden pretende cambiar el equilibrio internacional en beneficio de su país, y que, si hace falta, está dispuesto a poner el mundo patas arriba para que Estados Unidos vuelva a ser el sheriff del barrio. No obstante, como ya he dicho en ocasiones anteriores, no conquistes un país si no tienes ni puñetera idea de lo que quieres hacer con él.
Y, sobre todo, centrándonos en el caso de Ucrania, que es el que más nos afecta a los europeos, no debemos perder de vista que, al igual que sucedió en las dos guerras mundiales, se vuelve a luchar y a morir en suelo europeo, muy lejos de Estados Unidos.
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