Que en este país estamos perdiendo el norte con las gilipolleces políticamente correctas sería una obviedad si no fuera porque el Gobierno de Pedro Sánchez, rendido a las sandeces de los podemitas, se empeña en convertir a la sociedad en una suerte de inquisidores meapilas que nada tiene que envidiar a los censores de los años más recalcitrantes del franquismo.
Y me refiero a ese episodio del colegio mayor masculino de Madrid desde el que se profirieron insultos a las vecinas del colegio mayor femenino que se encuentra en frente. Episodio que hoy incluso ha llegado a desplazar a la guerra de Ucrania de los informativos, a los presupuestos en plan “Alicia en el país de las maravillas” presentados por la ministra de Hacienda y hasta al precio de la energía.
El problema del país es que unos chavales del Colegio Mayor Elías Ahuja llamaron “putas” a gritos a sus vecinas del Colegio Mayor Santa Mónica en época de novatadas y de comienzo de curso.
¡Por Dios!, qué tragedia griega. Hasta el presidente del Gobierno ha tenido que condenar tan preocupantes acontecimientos antes de empezar el cónclave europeo en Praga para ver cómo podemos aislar más a Rusia.
Y la ministra de Igualdad, Irene Montero, feliz al poder justificar el disparatado presupuesto que pagamos los españoles por sus estupideces.
Es obvio que ninguno de ellos tiene ni puñetera idea de lo que está hablando y que no han vivido la vida universitaria de los colegios mayores jamás. Yo sí lo hice.
Fui colegial del vecino al ahora denostado Elías Ahuja, concretamente en el Colegio Mayor Mendel -que también fue condenado a un auto de fe por lo de las novatadas hace unos años- y, como han dicho muchas chicas del Mónica -nadie en la Universitaria lo llama Santa Mónica- ante las cámaras de televisión, es simplemente una costumbre, en esta ocasión grosera sin duda, propia del comienzo de curso y de las novatadas hasta que, con las fiestas colegiales de inicio de curso, termina esa corta temporada de “vacaciones universitarias” previas a entrar en serio en materia.
Fui colegial en los ochenta, sufrí las habituales novatadas y me hice amigos, gracias a ellas y a pesar de ellas, que aún hoy conservo, incluyendo a amigas del Mónica que conocí entonces.
En aquellos años, y supongo que ahora también, las colegialas del Mónica eran veneradas entre nosotros por su elegancia, clase y distinción. Solo el barniz de juvenil primitivismo que acompaña a la colectivización de la fiesta entre unos varones que por primera vez se sienten libres de controles familiares provocaba alguna salida de tono, como la sucedida ahora en el Elías Ahuja.
Es cierto que la novatada ha sido grosera pero, por mucho que interese a la ministra Irene Montero expulsar a universitarios del colegio mayor pudiendo incluso truncar sus futuros, hablar de "delitos de odio" y levantar la santa cruz de la expiación ante la fiscalía, no llega siquiera a ser otra estupidez con la que el Gobierno de Pedro Sánchez solo pretende que los ciudadanos nos ceguemos con gilipolleces para olvidar, aunque sea temporalmente, la mediocridad de nuestros gobernantes.
Estoy convencido de que en el Colegio Mayor Elías Ahuja, al igual que en el resto de los Mayores de la Universitaria, no hay nadie que odie a las mujeres, que pretenda ofenderlas o que las considere inferiores a nada ni a nadie. Y tambien estoy convencido de que, al igual que pasaba en mi época, lo de tener amigas en el Mónica continúa siendo algo que envidian los colegiales que no las tienen. Ellas lo sabian y supongo que ahora también lo saben.
Me sorprende que a todos los soplagaitas que tenemos en los ministerios les preocupe más una chiquillada desacertada que se arreglaría con una disculpa entre colegios mayores, mientras les parece lo más natural que decenas de miles de adultos presuntamente normales se bestialicen en partidos de fútbol en los que hay que desplegar hasta un millar de policías antidisturbios para evitar que destrocen una ciudad solo porque su equipo a metido menos veces la pelotita en la portería que los del equipo contrario.
Los que se creen progres en España son los únicos que no se han enterado de que llevan a la Santa Inquisición y al caudillo en las venas.
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